Sección de Quejas y Reclamos.

Hoy escribo con cierta amargura. Acabo de llegar de Corferias luego de un fin de semana algo caótico en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, y me siento muy aliviada de tener este espacio para desahogarme, así nadie lo lea, así no transforme el mundo. Sepan que lo que viene no va a ser bonito, y si se siente aludid@ bien puede remitirse al título de esta página y leerlo detenidamente: Si. No. Le. Gusta. No. Lea.

Hoy, quiero escribir sobre lo decepcionante de algunos panoramas de la Feria, porque sí, todos vamos, todos compramos, y sí, leemos, pero también aplaudimos conductas cuestionables de  un nuevo ente que no creo merezca llamar “literario”. Pasa que a Feria ya no solo vamos editores, lectores y autores, también van las “celebridades del ciberespacio”, esas que por ridículas casualidades de la vida terminaron moviendo masas cual si de grandes estrellas se trataran, pero cuando hay mucha forma y poco fondo el resultado es un simple ejemplo más de lo influenciables y poco independientes que podemos ser a veces. ¿Quién soy para venir a hablar de todo esto? a fin de cuentas,  nadie me pidió fotos estando en Filbo y mucho menos me dijeron “soy tu fiel seguidora”, pero aunque sea tengo la tranquilidad de saber que puedo escribir de lo que veo y de lo triste que es todo sin sentirme comprometida a agradar o perder seguidores, supongo que es la ventaja de tener lo que llamaría un “perfil bajo”.

Como he recalcado en posts anteriores y creo que jamás me cansaré de repetirlo, no soy diosa ni dictadora literaria ni nadie para venir a decir qué es bueno y qué no lo es, de joven leí fracasos narrativos de la talla de Crepúsculo y sé que podré tener 80 años y algunas/muchas personas seguirán encontrando adorable el echármelo en cara, pero luego de ello vinieron cuatro años de Estudios Literarios y énfasis en Gestión Editorial que me dieron algo que tristemente nos falta mucho estos días y que desearía que volviéramos a tener: criterio. No pretendo decir qué literatura es buena o mala. incluso ahora pasa que a veces me permito leer material comercial y de poca calidad literaria, porque seamos realistas, los lugares comunes, el sexo adolescente y las celebridades mediáticas son “lo de hoy” y “lo que vende”. Precisamente, quiero escribir de la frustración que sentí al ver a unas cuantas personas aplaudir y celebrar la visita  y la mediocridad de algunas personas que se jactan de ser “crític@s literarios” cuando en realidad, se valen de los libros para ser “famosos” de la red.

Muguruza (nombre que por salud mental he decidido otorgar a esta persona) tiene más o menos mi edad y un ego que con dificultad y lograba caber en el auditorio. Irónicamente, al momento de presentar al invitado de honor del evento al que asistía, no era sorpresa encontrar en la fila a personas que decían “no conozco a la autora pero vengo porque me encanta Muguruza”.  ¿En qué momento el reflector pasó de apuntar con mayor frecuencia a “la nueva revelación de las redes sociales y la literatura” que a los autores y a las historias en sí mismas?

Como muchos otros, Muguruza se para frente a una cámara y habla de “cosas”. Decidí darle un voto de confianza y pensaba “si va a presentar a un autor es porque debe de saber mucho del tema, de manera que sea un buen conversatorio” porque, en teoría, los conversatorios son dinámicos, polémicos incluso, ¿pero con qué me topé?:

“¿Qué te inspira a escribir?”

“¿Cuál es tu personaje favorito de tu libro? ¿Y el menos favorito?

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….

¿Y con preguntas tan “clichés” y argumentos ligeros de peso y de poca profundidad se hacen llamar “críticos” y “reseñistas”? ¿Dónde quedaron la investigación previa, el cuidado por las palabras y el respeto por quienes leen sus comentarios? ¿Han pensado alguna vez en la responsabilidad tan tremenda de representar a un país en diálogo con un autor que viene por primera vez de visita? Aparentemente no, pero a pesar de que “se le olvidaron las preguntas” a Muguruza no parecía importarle, en el fondo sabía que la gente iba por verla a ella y no a su entrevista.

Muguruza, contrario a la creencia popular sabe lo que hace, se ha valido de los libros para ser una celebridad mediática, al punto de tener no a uno sino a tres gerentes de diversas editoriales debatiendo sobre “quién hizo posible que viniera a la Feria”, ¿acaso importa? a la gente no le importa de lo que hable, puede ser material de pésima calidad, pero por ser ella quien lo dice, sus miles de seguidores querrán leerlo, ¿y no es ese el opio del mundo editorial? la reflexión sobre algunas /bastantes tendencias literarias de la Feria claramente apunta a la cantidad por encima de la calidad, y no puedo decir que no compre basura, porque la compro señores, y la leo, porque criticar sin conocimiento de causa también es un ejercicio peligroso y que procuro evadir a toda costa. Lo que realmente me molesta es que endiosemos lo que no es, que tomemos por “una buena reseña” o “un buen comentario de un libro” a estos análisis de poca profundidad y que no dejan nada nuevo, no generan algo en quienes los ven o los leen. Deberían unirnos las letras, no los números de visitas o el mendigar por escuchar un simple “un saludo para menganita en Cúcuta, ¡besitos!” en medio de un video de Youtube.

Sería pecaminoso y poco prudente decir que solo hay Muguruzos allí afuera, pese a que sus redes sociales no tienen miles de seguidores y las editoriales no les envían unos 5-7 libros gratis al mes, todavía hay unos pocos críticos verdaderos por ahí, esos que no les tiembla la mano para decir que un libro es malo pese a ser popular, y que no escriben o hablan en sus videos sobre lo que su “público” espere, sino sobre lo que realmente merece ser contado. No dejen de buscarlos y darles una oportunidad.

Entristece saber que los números de Muguruza seguirán creciendo, que para el próximo año no tendrá en el bolsillo a 3 sino a 5-7-10 editoriales llamándola “una gran figura de la literatura juvenil colombiana”, incluso, no me sorprendería que le publicaran algo, estos días los nombres pesan más que las acciones, y si pedimos opio eso nos darán, porque nos hemos conformado con  “lo que nos dan”. No porque un libro sea obsequio de una editorial se convierte en el nuevo Ulises, ¿saben?.

A veces me gusta creer que Muguruza me odiará, que enviará a sus legiones de adeptos a defender su talento y a argumentar que “no sé nada y que ella sí que ama leer”. Sí, yo también amo leer, pero también amo el hecho de saber que parte de la variedad literaria está en el dulce debate de la crítica y de las posibilidades de reflexión cuando se tienen argumentos, referentes válidos como fruto de una labor investigativa y una mente dispuesta, pero no a impresionar a los espectadores semana tras semana, sino al verdadero intercambio de conocimientos y saberes. Y eso, querida Muguruza, no es algo que encuentres en los reportes de interacción de tus redes sociales. Las celebridades mueven masas, los críticos movemos ideas.

Si quieren saber más de mis andares en Feria no se pierdan el proyecto en que estaremos trabajando junto con el blog Liberando Letras el próximo fin de semana cuando nos adentremos en una crónica sobre otra tendencia – opio juvenil para analizar.

Ya saben que si leen estos posts se atienen a que mi pluma ataque a sus consentid@s, así que hagámonos un favor y repitamos una vez más la regla de oro: Si no le gusta, no lea, y si le gusta, ¡comparta!

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