Diarios de Filbo – días 1 y 2: la exploración.

Sean bienvenidos a un viernes sorpresa de libros en Si no le gusta no lea, ¿cómo los trata el mes de mayo? ¿listo el regalo para mamá? entenderé perfectamente si la respuesta es “se le hizo una tarjetica y algo sencillo”.

¿Por qué entenderé que en este viernes antes del Día de la Madre estén sin un peso? porque de seguro somos muchos tratando de recuperar el control sobre nuestras finanzas luego de una temporada de compras compulsivas y desmesuradas en la pasada Feria Internacional del Libro de Bogotá, un evento que en su edición número 28 dió mucho de qué hablar, y desde este espacio titulado Si No Le Gusta No Lea les traigo la primera de cuatro mini-crónicas, cada una escrita desde una perspectiva diferente y relatando las pericias y locuras correspondientes a días específicos de visita a la Feria.

Cinco días en Feria, cuatro mini-escritos, porque a la Feria se puede ir a pasear, a trollear, o incluso a labrarse un futuro profesional *modo ilusa on*

Por esta razón, quiero comenzar este post hablando del fin de semana para la “sorpresa” y la emoción. En lo personal, era la primera vez en cinco años que asistía a la Feria como una visitante “común y corriente” y no como expositora. No lo niego, trabajar en un stand de Filbo durante los 4 años anteriores fue una experiencia muy bonita, sobre todo porque en el proceso de vender descubrí lo mucho que me gusta recomendar libros a la gente, y conocí a personas que me marcaron y que hoy puedo llamar “amigos y colegas de causa”. Aún así, no se pueden negar las implicaciones en tiempo y salud que esto significaba para mí, ya que al comprometerte con un stand, no puedes permitirte recorrer la Feria como quisieras, y mucho menos participar activamente en la agenda de actividades de “la competencia”, término frecuentemente acuñado por mis ahora-ex-jefes.

Lo cierto es que llegué a esta Feria con un bolsillo medianamente lleno, una lista de “libros que debía o debía comprar” y en el caso del sábado 25 de abril, la siempre grata y divertidísima compañía de Mónica del canal de Youtube Los Libros de Mamá y Esteban del blog Liberando Letras, con quienes nos pusimos de acuerdo para recorrer y comentar lo que ese día la Feria tenía para ofrecernos.

¿Mi primera impresión?

Estoy en casa.

¿Cómo explicar que ya supiera exactamente en qué pabellón y stand iba a estar cada cosa? supongo que tuvo que ver el hecho de haber trabajado en ese recinto, o que Corferias siga creyendo que sus ya habituales instalaciones son pertinentes para el aforo de un evento de gran convocatoria como lo es Filbo.

Noticia: NO ES VERDAD, YA SE QUEDAN PEQUEÑOS. (Más información al respecto en la tercera mini-crónica de Feria que espero publicar pronto, por ahora les aviso que se titula “91.000 apocalipsis, 1 Filbo.”

En medio de un lugar lleno de curiosos y llenándose más y más con el paso del tiempo, decidimos ser “buenos bogotanos” y “buenos Colombianos” y hacer pacientemente la fila para el Pabellón del Invitado de Honor de este año, Macondo.

Sí, leyeron bien. Macondo, el territorio imaginario en que tiene lugar la icónica Cien Años de Soledad de nuestro difunto Nobel de Literatura  Gabriel García Márquez y a quien se le debe en buena parte el lemita aquel de “Colombia: realismo mágico” que invita a extranjeros y locales a viajar por nuestro país.

Si la estrategia turística es efectiva o no, eso no lo sé, pero lo cierto es que la fila para entrar al pabellón era extensa, y varias veces me pregunté si realmente como Colombianos sentimos tanto apego por “Gabo”, o si simplemente nos dejamos arrastrar por la corriente mediática que se encargó de meternos en la cabeza que “Macondo es Gabo y Gabo es Colombia”, argumento que desde lo personal refuto y objeto, pues muchos de los que dicen esto aseguran “amar” a Gabo pero vaya a saber si siquiera han leído algo escrito por él…

Dejando de lado mis obvias prevenciones para con el tema, debo reconocer que la visión interna del pabellón no me decepcionó ni molestó tanto como pensé que podría llegar a hacer: fue interesante el esfuerzo por “validar” a Macondo como territorio, presentando un mapa grandísimo a la entrada, y siguiendo con pequeños “escenarios” que ofrecían diversas experiencias, siendo mi favorita la de los inventos del gitano Melquiades, que con su dinamismo logró atraparnos por unos cuantos minutos.

Toma

Imagen recuperada del sitio web http://macondo.articulados.co/

La gallera como escenario central del pabellón fue una apuesta arriesgada pero que entre cosa y cosa logró funcionar, siendo epicentro de conversatorios y demostraciones gastronómicas bastante llamativas (dato sobre mí: soy una chef frustrada así que la comida es mi punto débil ).

Imagen tomada del sitio web de El Espectador

Imagen tomada del sitio web de El Espectador

Algo que “opacó” en cierto modo la experiencia de visitar Macondo fue su propio “guía”, quien antes de entrar al pabellón nos sorprendió (y no de modo positivo) con la siguiente expresión, y me permito parafrasear un poco:

 “Les recomendamos estar muy pendientes porque adentro el pabellón está muy colombianizado y pues, están robando mucho entonces por favor no descuiden sus objetos personales.”

¿Es en serio?

¿Colombianizado?

Esa simple frase refutaba la esencia misma del porqué de tener a Macondo como invitado de honor, ¿no les parece? pero bueno, tristemente en el país del Sagrado Corazón los hechos a veces acallan a las buenas acciones, y ya sabemos qué pasó en ese pabellón el penúltimo día de Feria….

Lo que quiero que se lleven en la cabeza con todo este cuento es esta pregunta: ¿veremos a Narnia, la Tierra Media o Panem como Invitados de Honor en futuras ediciones de la Filbo? ¿les gustaría y creen que sería válido?

El resto de mi primer día en Feria transcurrió en medio de gratas sorpresas como el libro que me regaló Daniela Sacerdoti,y de momentos amargos como el conversatorio con Muguruza al que ya me referí en otro post y que en definitiva no vale la pena volver a mencionar. Lo que sí vale la pena mencionar es la actividad del domingo 26, cuando pude asistir a un conversatorio con Daniela Sacerdoti y la presentación de Miguel Mendoza, quien oh, cosas de la vida,  fue mi director de tesis en la universidad y ahora tenía el placer de ver “en acción”, debatiendo sobre literatura fantástica y la eterna lucha entre el bien y el mal, ¡una delicia!

Este conversatorio me hizo pensar sobre las posibilidades de diálogo y reflexión en torno a la literatura cuando ambas partes están bien informadas y preparadas para ello. Ténganlo en cuenta, mis pequeños y egocéntricos amigos del medio…

Sin entrar a hablar de los preciosos libros adquiridos durante estos dos días,  ni la SEÑORA campaña que se hizo Penguin Random House con los letreros de madera a la entrada del pabellón 5 (a los que me volví adicta), podría terminar aquí mi primera crónica de Filbo, prometiéndoles que la próxima no será taaaaaaan extensa, ¡que el cielo me libre de aburrirlos alguna vez!

 Les recuerdo que mi twitter @JustReadAndLove los espera para que me hagan llegar sus ideas y comentarios, abrimos 24/7, ¡sí señor!

Gracias por ver a Filbo a través de mis ojos, y ya saben el lema: si no le gusta, no lea, y si le gusta, ¡comparta!

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