En defensa del género Young Adult: reflexiones de una crítica.

“Las diferencias del lenguaje y en costumbres no tienen validez ante nuestros objetivos idénticos y nuestro corazón abierto.”

J. K. Rowling

Con motivo de la semana de la literatura Young Adult (YA) que tuvo lugar recientemente, me propuse hacer “algo” para celebrar a este género. Mi iniciativa de responder preguntas de lectores en Instagram fracasó, y también lo hizo en mi Facebook, así que supongo que lo mío no es el mover masas ni mucho menos grabarme respondiendo preguntas o retos de mi aparentemente inexistente público lector, así que vengo a refugiarme en este querido espacio de Si no le gusta no lea en el ya habitual miércoles de libros para hablar del tema con independencia de que lo escriba se lea o no, así que pónganse cómodos, sírvanse un cappuccino de la barra y abrochen sus cinturones, el viaje comenzará pronto.

Pensar en un género como el Young Adult supone partir de una idea comúnmente errónea, y es la de asociarlo inmediatamente con el género de la literatura infantil. Pese a que este último es un género valiosísimo e igualmente importante, no se les debe confundir, pues ambos géneros merecen su propio estudio y categorización independiente. Aunque día a día nos invade la premisa del cómo “la literatura juvenil está de moda”, creer que este género es reciente y que no tiene fundamentos historiográficos serios y concretos es una falencia, y una bien grande por cierto.

En 1942 se publicaba Seventeenth Summer, una novela de Maureen Daly cuya trama bien podría encontrarse en cualquier novela de nuestra era y va más o menos así: Angeline, “Angie” Morrow, tiene diecisiete años. La estrella de baloncesto de su escuela preparatoria, Jack Duluth de dieciocho años, la invita a la que será su primera cita. Se enamoran pero saben que el verano terminará pronto, que Angie irá a la universidad en Chicago y Jack planea volver a su hogar natal en Oklahoma para ayudar a su tío en su panadería. Jack se enamora de Angie, pero ella nunca le expresa su correspondencia, así que la pregunta es ¿realmente lo ama? ALERTA SPOILER: la novela termina con Angie yendo a la universidad y los dos tienen una despedida sentida y rompecorazones. Fin.

Antes de continuar, y para los que apenas entran en este mundo, un “spoiler” es un término bastante común del YA, y consiste en revelar con o sin intención una parte vital de la trama de un libro o película a alguien que no lo ha leído o visto, arruinando así el factor sorpresa. No es casualidad que el verbo spoil del que se origina la palabra en inglés signifique “estropear”. Ahora sí, volvamos a nuestra máquina del tiempo.

Aunque en 1932 J.R.R Tolkien ya había escrito El Hobbit, se considera a Seventeenth Summer como la primera novela escrita intencionalmente para jóvenes entre los dieciséis y dieciocho años, de ahí que haya pasado a la historia como un referente del género YA, aunque más adelante retomaremos el mundo de la Tierra Media y lo que este representó para la cronología del YA. Para 1960, la Young Adult Library Services Association empezó a acuñar el término Young Adult para referirse al público entre los doce y dieciocho años de edad, y títulos censurados en algunos países hasta hace poco como El Señor de las Moscas (1954), Una paz solo nuestra (1959), The Chocolate War (1970), y Hoyos (1998) tomaron un nuevo significado, pues por fin se les vio desde la perspectiva de un género literario enfocado en la edad específica de sus lectores. Por primera vez empezaba a entenderse la importancia de reflexionar sobre los temas comunes de esta literatura y las experiencias de lectura que estas novelas estaban generando. Jóvenes leyendo sobre jóvenes.

Claro está, en la actualidad el rango de dichas edades se ha flexibilizado: ciertas encuestas  revelaron recientemente que en el caso de Estados Unidos, buena parte de los compradores de libros de este género se encuentran entre los dieciséis y los veintinueve años, haciendo que el espectro de análisis sea aún más amplio, porque ¿qué puede atraer a tan diverso ramillete de edades hacia un mismo género?

Fantasía, Romance Paranormal, Distopía y Drama son solo algunos de los “sub-géneros” que la literatura YA tiene para ofrecer.  Una misma novela puede contar con elementos de uno, dos, e incluso /todos/ estos sub-géneros, así que no pretendo de ningún modo limitar o encasillar los ejemplos que voy a mencionar a una sola categoría, la literatura misma es tan amplia y diversa que estos cuatro caminos se cruzan y dan origen a novelas realmente maravillosas.

Habiendo aclarado esto, quisiera empezar con el sub-género que más me marcó en una etapa de mi vida en que bien hubiera aplicado una frase al mejor estilo de Phineas y Ferb: “¿no eres muy joven para leer libros tan gordos?”

Literatura Fantástica: Quidditch, Leones que hablan e Idhunitas

Nuevas portadas de la Saga Harry Potter.

Nuevas portadas de la Saga Harry Potter (2014)

Con la llegada del nuevo milenio se planteaba en las librerías de todo el mundo un dilema divertido y a la vez necesario: ¿en qué estantería ubicar para su exhibición y venta a los libros de la saga Harry Potter? ¿Literatura infantil? ¿Literatura universal? ¿Literatura juvenil? Pese a ser posterior a los grandes trabajos de J.R.R Tolkien (El Señor de los anillos, publicada entre 1954 y 1955) y de C. S. Lewis (La heptalogía de Las Crónicas de Narnia, escrita entre 1950 y 1954), la historia del joven mago con cicatriz en forma de rayo y su destino en la lucha entre el bien y el mal sentó los referentes para que toda una generación de lectores y lectoras se dejara cautivar por novelas cuya extensión sorprendía a los padres y docentes, a fin de cuentas, uno de los mitos que rompe la literatura juvenil es aquel que dice que “los jóvenes no son capaces de leer un libro así de gordo”.

Pues bien, si la historia contenida en dicho libro los atrapa, en definitiva lo harán. Cuenten con eso.

Una encuesta llevada a cabo en 2006 por Kids and Family Reading Report y Scholastic arrojó como resultados que el 51 % de los lectores de la serie de entre 5 y 17 años dijo que no había leído por placer anteriormente a Harry Potter, pero que después de leer la serie empezaron a hacerlo. ¿Qué tan valioso resulta esto? Muchísimo, la verdad. Todo esto sin entrar a hablar del fenómeno de recepción de la saga, que bien puede abarcarse desde la cultura popular o desde la cuestión netamente literaria, porque sabemos que un libro trasciende cuando deja huellas visibles en estilos narrativos, en generar hábitos de lectura, y en el caso de Harry, una evidencia física y palpable para generaciones futuras, que lo diga The Wizarding World of Harry Potter en los estudios Universal en Orlando y que también espera abrir sus puertas en Hollywood en 2016. El ejemplo de Harry Potter es un buen punto de inicio para entender la importancia de la literatura juvenil como género independiente de la literatura infantil, pues los temas y situaciones de la saga no siempre encajan dentro de lo que un niño promedio leería, y se abre el debate sobre lo que antes era tabú para que un niño o joven leyera y que ya no lo es (o díganme, ¿un niño pequeño de hace treinta años leería por gusto propio una escena tan fuerte como lo es el regreso de Lord Voldemort en Harry Potter y el Cáliz de Fuego?) y lo cierto es que, en la actualidad, resulta muy difícil decirle a un niño a qué edad puede o no leer determinados libros, lo que explica que niños de 10-11 años ya comiencen sus acercamientos al YA. No todo tiene que ser mágico y fuerte por supuesto, el siguiente ejemplo es muestra de ese nivel “intermedio” entre los cuentos de hadas para la hora de dormir y el YA.

El mundo volvería a centrar su atención en las aventuras de los hermanos Pevensie cuando en 2005 se abrió la puerta al helado mundo de Narnia con la adaptación cinematográfica de El león, la bruja y el ropero, que pese a ser la primera película de las tres que a la fecha se han hecho de esta saga, en realidad correspondía al segundo tomo de la heptalogía, lo que tal vez explicara que este “desorden” no le permitiera crecer como fenómeno cultural. Siendo amigo de Tolkien, no sorprende que C.S Lewis incluyera en sus novelas una interesante carga mitológica, presentando un mundo al que, de la manera más bíblica posible, “solo se puede entrar y regresar siendo niños”.

Curiosamente, a Narnia se le ha llamado varias veces “el Harry Potter para niños”, frase que me parece interesante pero no necesariamente pragmática. Como dije anteriormente, mi primer acercamiento a Harry Potter fue a una joven edad, 6 años para ser precisa, y a Narnia a eso de los 11-12, así que no se lo tomen a pecho, lo relevante está en tener opciones para elegir, no un cronograma de lecturas imposible de modificar, esto no es el colegio.

Para terminar este pequeño cameo a la literatura fantástica, sepan que mientras muchos íbamos al cine a ver las Crónicas de Narnia, Iberoamérica no se quedaba atrás en su producción literaria de este corte. Un claro ejemplo de ello fue la trilogía Memorias de Idhún, escrita por la española Laura Gallego y cuyo primer tomo vio la luz en 2004. Pese a ser una saga casi que imposible de conseguir en Colombia, hoy en día se le considera un referente en lengua castellana de lo que la literatura fantástica representa a grandes rasgos: mundos complejos, la lucha entre el bien y el mal, criaturas y lugares que ofrecen al lector la posibilidad de ver más, conocer más, querer más.

Romance Paranormal: venga la polémica

Nueva portada de la edición en inglés de

Nueva portada de la edición en inglés de “Princesa Mecánica” de la saga Los Orígenes (2015)

X criatura se enamora de X humano-humana. Vampiros, Licántropos, Ángeles Caídos, Gárgolas, Sirenas, Demonios.El catálogo de criaturas míticas que se toman las páginas de este subgénero es casi tan amplio como la imaginación misma. Creer que el Romance Paranormal se reduce a simples frases cursis y tramas predecibles es un error en que muchos solemos caer:

Algunos considerados más sacrílegos que otros, (porque seamos realistas, el Lestat de Anne Rice se burla de la piel brillante de la familia Cullen de Stephenie Meyer cada que puede), lo que realmente destaca del romance paranormal como “pilar” y sub-género importante de la literatura juvenil es el abanico de mitologías que pueden desprenderse de sus historias, y por supuesto, la perspectiva de los protagonistas juveniles que por lo general intentan encontrar un balance entre lo que creen que es llevar una “vida normal” y esa vida oculta que descubren gracias al romance con la criatura mítica en cuestión. Hay más que un simple inicio, nudo y desenlace.

Cassandra Clare, la mujer tras la pluma de las sagas de Cazadores de Sombras y de Los Orígenes, es un ejemplo de esos autores que se apropian de ciertos elementos mitológicos de tradiciones literarias antiguas tan sólidas como la celta o la greco-latina y les dan su propia reinterpretación desde la literatura juvenil, creando así sus propias visiones de mundos, con claves de lectura y “normas de juego” bastante definidas: una raza creada con ayuda divina para combatir a los ejércitos demoníacos dispersos por todo el mundo; el uso de runas para distintos fines (combate, sanación, fuerza, la lista sigue y sigue); criaturas con sus propios nombres y características físicas y psicológicas. Estas sagas también podrían entrar en lo fantástico e incluso en un posible sub-género al que llamáramos Aventura, así que ya sea por un lado o por el otro, la cuestión es que las lean.

Contrario a la creencia popular, el romance paranormal va más allá de simples triángulos amorosos o de personajes femeninos que rayan en lo patético (siendo Nora Grey de la saga Hush Hush una de las causantes por las que a la mujer en el romance paranormal se le tome como débil e incluso estúpida), pero lo cierto es que NO todas son así, Isabelle Lightwood de Cazadores de Sombras,  Blue Sargent de The Raven Boys y Juliet Moreau de Naturaleza Salvaje son algunos ejemplos de coraje y fortaleza, valores que también recaerán en las mujeres del siguiente subgénero del que quiero hablar hoy.

Distopía: de Julia a Katniss. De Katniss a Tris. De Tris a Teresa

Afiche promocional de

Afiche promocional de “Los Juegos del Hambre” (2012)

Intentar definir a la distopía en un breve párrafo es un reto personal. Mi tesis de pregrado fue sobre este sub-género, así que podría explanarme y no parar de hablar al respecto. En 1516, Tomás Moro escribió su Utopía, en la cual describía una isla armoniosa y en perfecto orden político, social y cultural. La esperanza de que en el futuro la sociedad hubiera evolucionado hasta alcanzar la armonía total. Pues bien, la distopía es todo lo opuesto: un género que destila caos, que pone a pensar y a reflexionar a quien lee sus obras, que se vale de diversos escenarios para decirnos una cosa: el mundo está mal. Muy. Mal.

Imaginen una sociedad en la que se observa y regula todo lo que se escribe, se dice y se piensa. Eso, señoras y señores, sería en resumidas cuentas el mundo literario de 1984 de George Orwell, una novela a la que bien podemos deberle en buena parte lo que hoy son Los Juegos del Hambre de Suzanne Collins, saga que bien podría considerarse como la más representativa de la distopía YA, aunque no la primera en ser publicada.

Algo que muchos no saben, es que tres años de que se publicara el primer libro de Los Juegos, Scott Westerfeld ya había publicado Uglies (Traición) el primer tomo de una saga genial en la que la modificación corporal en pro de ciertos ideales futuristas de belleza es el tema principal. Tal vez lo que posicionara a Collins y su saga como referentes principales de la distopía fue su componente político, representado en el sistema opresor del Capitolio y los Distritos forzados a entregar un Tributo humano al espectáculo anual de Los Juegos del Hambre, de ahí que se le relacione con clásicos de la ciencia ficción como la anteriormente mencionada 1984, Farenheit 451 y Un Mundo Feliz, libros caracterizados por presentar un sistema de control o totalitario que abole toda posibilidad creativa o de pensamiento.

Una diferencia considerable es que, en el caso de Julia, protagonista de 1984, termina siendo vilmente oprimida por el sistema del Gran Hermano que todo lo ve, que todo lo observa, mientras que Katniss, de Los Juegos del Hambre, emprende su propia revolución personal al ver que no comparte a totalidad los ideales de ninguno de los dos sistemas totalitarios de la saga (el Capitolio y el Distrito 13), lo que marca una pauta propia de la distopía YA en relación con los clásicos de la ciencia ficción anteriormente mencionados, y es que en la distopía YA, al final suele plantearse un pequeño atisbo de esperanza que justifica la posibilidad de un futuro mejor, que busca convencer al lector de lo “válido” del sacrificio de determinado número de personajes que han fallecido a lo largo de los libros (número que, no se puede negar, suele ser dolorosamente alto), y pasa que en este género las opciones son muchas, luego de Los Juegos del Hambre llegaría lo que en mi tesis llamo “el efecto neo-distópico” con sagas como Maze Runner-Correr o Morir, DivergenteLas Tejedoras de Destinos, y personajes femeninos cautivadores como Brenda, Teresa, y Tris.

Existen ciertas concepciones erradas en cuanto a la literatura distópica siendo en extremo fatalista o desesperanzadora. Por el modo en que lo veo, más que presentar horizontes sin respuesta, la literatura distópica hace un llamado a la acción y la reflexión. ¿Qué tan cerca o tan lejos se está de los escenarios caóticos que nos plantean estas sagas? ¿será que somos espectadores que así como los habitantes del Capitolio nos hemos inmunizado ante el dolor que vemos en las pantallas día a día? ¿estamos dirigiéndonos hacia un mundo en decadencia y en el que todos nos hemos resignado? estas y otras preguntas más son las que entran a validar la existencia de la distopía YA como un género tan comentado y trabajado en las aulas de clase del mundo, pues desde este género se pueden proponer diversas reflexiones sociales, políticas, económicas y culturales, así que invito a quien crea que este género es un “simple fenómeno pop” a que se dé la oportunidad de leer alguna de estas obras.

Por fortuna para todos, el YA no siempre necesita valerse de escenarios llevados al extremo para hacer reflexionar a los lectores sobre las realidades a las que deben enfrentarse desde sus edades y contextos personales. En el caso del último subgénero que quisiera tratar en este texto, las tramas suelen sorprender por su cotidianidad. Se trata del Drama, título que si bien no es el más ortodoxo, tal vez sea el que mejor logre abarcar la inmensidad de situaciones que relata en sus páginas.

Drama y realidad YA: la vida no tiene que ser perfecta para ser extraordinaria

Afiche oficial de la adaptación cinematográfica de la novela

Afiche oficial de la adaptación cinematográfica de la novela “Ciudades de Papel” de John Green (2015)

Hablar del género YA sin mencionar a obras como Las ventajas de ser invisible, Por Trece Razones o Bajo la misma estrella sería un error considerablemente grande e incluso triste. No todos los lectores desean volar en escobas voladoras o encontrar el amor en la forma de un ser dolorosamente bello, ágil y posiblemente con visión de rayos x, no. Hay un creciente grupo de lectores que se siente atraído por lecturas sobre combatir a los demonios de la mente y del diario vivir, los llamados Ansiedad, Depresión, Ruptura Amorosa, e incluso, a uno de los mayores enemigos de nuestra era, el Cáncer.

Pese a manejar un vocabulario ligero y ser novelas que por lo general se leen con bastante rapidez, a estas no se les puede tomar por simples o poco profundas, pues en ellas se siguen tratando los que bien podríamos denominar “los tres grandes temas de la literatura universal”: la vida, la muerte y el amor.

Este tipo de novelas involucran muchísimo al lector, quien suele identificarse con uno o varios de los personajes, y algo que destaca es que no siempre se habla de personajes cuyos valores o forma de ser son perfectas, todo lo contrario, el lector suele reconocerse en las imperfecciones, las debilidades, todo aquello que en medio del dolor y de la angustia nos hacen más y más humanos, como el desespero de saber que no puedes tener a la persona que amas a tu lado, o que la vida real se ha encargado de mostrarte que los sueños no siempre se cumplen del modo en que esperabas que lo hicieran, y todos estos planteamientos son tremendamente válidos, porque nos recuerdan la importancia de la literatura como un medio de reflejar y canalizar lo más profundo de las emociones del ser humano y de su diario vivir.

De hecho, en algunas ocasiones, los propios autores acompañan al lector en su fragilidad y dolor, como es el triste caso de Edison Price “Ned” Vizzini, escritor estadounidense y autor de la icónica It’s Kind of a Funny Story, quien se suicidó en el año 2013.

Otro caso es el de John Green, uno de los principales abanderados de este sub-género del YA y que, en mi sencilla opinión, a la fecha no ha escrito un libro que podamos catalogar como “malo”. Green se considera a sí mismo un abanderado de la sensibilización en torno a las enfermedades mentales y a la importancia de dar y recibir ayuda; empezó junto a su hermano Hank un movimiento mundial llamado Nerdfighteria, que parte del gusto común por sus historias y canciones y termina con acciones de cambio reales y efectivas, como las ya bien conocidas colectas para organizaciones que luchan contra el cáncer o los conciertos benéficos para distintas asociaciones que luchan por un mundo mejor. ¿Activismo desde literatura “juvenil y comercial”? pues sí, vean que sí.

Si desean entender el transfondo de este movimiento, les recomiendo remitirse al libro Una estrella que no se apaga, autobiografía profunda y desgarradora sobre los efectos del cáncer en la vida de una adolescente fanática de Harry Potter.

Portada para Iberoamérica de

Portada para Iberoamérica de “Una estrella que no se apaga” (2015)

Luego de este breve recorrido por sub-géneros del YA y sus historias, posiblemente el lector se esté preguntando por mi defensa del género:

¿Por qué necesita defenderse a la literatura YA? porque me temo que estamos en un país y una sociedad de extremos. Caemos en el facilismo de llamar a cualquier novela “YA” pensando que solo porque el autor es joven y famoso los jóvenes lo leerán, y se convierte al género en una máquina del espectáculo y de vender, olvidando por completo el poder transformador de la literatura, de esa vocación que varios hemos elegido.

La literatura YA debe entenderse como algo más que un nombre reconocido impreso en una portada, hablamos de tramas pensadas con cuidado, de personajes con psicologías tremendamente complejas, de juegos verbales y de estructura que generan emoción en quienes leen estas novelas; entendemos que lo que pasa en el primer libro no es coincidencia y que efectivamente tendrá repercusión en el séptimo, que el mundo está demasiado mal pero siempre quedan el amor y la esperanza, y desde las páginas de esta literatura se logra dar respuesta a muchos de los porqués que se plantean los jóvenes, ya que verán que no se necesita perfecto para ser querido y especial, que así la sociedad se empeñe en decir lo contrario, los jóvenes. no. están. solos. 

Defiendo la literatura YA y también defiendo su crítica. Pensar que no se puede reseñar un libro de este género de manera objetiva y argumentativa sin aburrir, es algo no solo fatalista sino también equívoco. Ya en los tiempos de Baudelaire se planteaba la necesidad de la crítica como una forma de elogiar a la obra, de verla con nuevos ojos, con una nueva luz. El YA merece ser criticado, merece ser puesto en la balanza de los grandes por el simple hecho de contar con todos los elementos que desde la teoría literaria lo constituyen como género literario válido y digno de ser estudiado y respetado (elementos como el trabajo de construcción de personajes y tramas, los juegos temporales, el buen manejo de la prosa y el vocabulario, el ritmo narrativo…), y como crítica me resulta ofensivo y torpe el que se quiera opacar nuestra labor simplemente porque no pensamos igual que todo el mundo.

¿Qué hubiera sido de la literatura si hombres como Kafka, Wilde o Rimbaud hubieran decidido callarse porque “no tenían suficientes seguidores” o porque “tal autor era más popular”? ¿o qué decir del coraje de mujeres como Louise May Alcott, Virginia Woolf o Mary Shelley? todas en su momento recurrieron a la crítica como una razón de peso para entender y vivir la literatura, así que si piensa que la crítica es innecesaria y que no puede invitar al ejercicio y disfrute de la lectura, sepa que ha vivido en una mentira, y que básicamente ha entendido mal a la literatura. Lo siento.

La literatura se ajusta al tiempo en que vive, así de noble es. Como lectores poseemos una curiosidad intrínseca por temas y lecturas, pero las raíces están ahí, en la Grecia y Roma de Homero y Virgilio, y queramos o no, siempre terminaremos volviendo a ellas.

Vale la pena cerrar preguntándonos: ¿estamos viviendo una edad dorada del YA? ¿Tenemos ante nuestros ojos a una nueva generación de lectores enamorados de los libros y del arte literario? posiblemente, la única forma de decirlo es corriendo a la librería más cercana y abrazando una vez más a uno de sus mundos, dándoles afecto, respeto, hacer valer el trabajo de esas mentes detrás de las plumas. Hay que leer YA, nutrirse del YA.Tomar parte en el YA. Hay mucho de donde elegir, no sea ciego.

Gracias por permitirse acompañarme en este largo, larguísimo post de Si no le gusta no lea. De todo corazón espero lo haya encontrado entretenido y ameno, y como siempre he dicho y seguiré diciendo: Si no le gusta, no lea, y si le gusta, ¡comparta!

Feliz miércoles, y que la suerte esté siempre de su lado.

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Un comentario en “En defensa del género Young Adult: reflexiones de una crítica.

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