#SomosMuchas: ¡Que viva la música!

¡Bienvenido noviembre y bienvenidos a un lunes más de cine en Si No Le Gusta No Lea! ¿cómo terminaron la semana? ¿fueron a SOFA? vaya, el tiempo vuela y a veces resulta difícil seguirle el paso, pero bueno, hay que intentarlo.

Hoy les traigo una reseña que me tiene pensando en cómo va a salir, así que ya veremos, de momento les pido que si son menores de edad, por favor se abstengan de leerla, ya que la de hoy es una película fuerte y pretendo manejar el tema con la debida prudencia del caso. Comencemos como ya es costumbre con el trailer:

Sinceramente, no sé muy bien por dónde empezar a hablarles de esta historia que desde el trailer mismo apela a algo que todos llevamos dentro, y es la capacidad de canalizar todas nuestras emociones y sensaciones en un baile, una canción, se trata de la vida y todos sus momentos hechos música, porque si hay algo que van a encontrar en esta pelìcula es eso, mucha música y escenas fuertes y apasionadas, porque si lo piensan, así es la música: frenética, descontrolada, tal y como lo es la protagonista de esta historia, Maria del Carmen, interpretada por Paulina Dávila.

La cinta, que muy prudentemente dice estar inspirada en la novela homónima de Andrés Caicedo, se enfoca en las muchas noches y días de Maria del Carmen, hija de una familia adinerada de Cali, que se desliza por el día a día sin pensar en planes o proyectos, solo viviendo cada momento con intensidad, pasión y cierta rebeldía e independencia que le permiten desprenderse fácilmente de las personas y diversas situaciones en que termina metida: sexo, drogas, alcohol y muerte. Bienvenidos a Cali, 1977.

En su danzar por Cali, Maria del Carmen no estará sola: conoceremos a Mariángela (interpretada por Alejandra Ávila), quien fuera la primera “reina de la noche” y su mentora; Ricardito, Rubén y Don Rufián, hombres que de un modo y otro adentran más y más a Maria del Carmen en el bajo mundo del Cali nocturno de los 70’s, y por último Bárbaro, un personaje agresivo, iracundo y territorial, enemigo de los extranjeros que se acercan a las tierras caleñas en busca de placeres pecaminosos y de hongos prohibidos, y quien no tendrá reparo alguno en “limpiar la tierra de gringos”.

La joven protagonista es la principal narradora, y su voz en off es una presencia constante en la película. De hecho, si se descuidan en el cine y no escuchan con atención lo que su voz pausada y tranquila dice, es posible que se confundan un poco, pues buena parte de la esencia de la historia está en esa especie de monólogo interior que acompaña las tomas algo caseras de Cali, Jamundí y demás escenarios del Valle del Cauca en que transcurre la cinta. Es interesante ver cómo pese a ser un personaje rudo, incluso salvaje, el lenguaje que usa Maria del Carmen en sus monólogos es bastante rico, casi que poético en algunas ocasiones, y se vale de él para mostrarnos una ciudad de excesos y misterios en cada fiesta, en cada paso de baile, en cada encuentro carnal que ella abraza sin tapujos o prejuicios, en escenas rápidas y fuertes, pesadas si se tiene en cuenta la calificación de apta para espectadores desde los 15 años…

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¿Qué corre por nuestras venas que nos hace palpitar el corazón y mover los pies al escuchar una buena canción de salsa? ¿Qué nos lleva a subir el volumen de la música y a simplemente dejarnos llevar por todo lo que esta transmite? estas son algunas de las preguntas que nos deja esta cinta dirigida por Carlos Moreno, que si bien no se aleja de varios de los tópicos “tradicionales” de las drogas y la violencia que ya tanto nos han llenado la cabeza, sí pone a pensar sobre la importancia de reflexionar sobre esta novela en que se inspiró la película, y en los extremos del desenfreno y de la locura de una generación para la que todo hubiera sido aún más difícil sin tener las salvadoras notas de alguna pieza alegre de salsa de por medio.

Atreverse a ver una película como ¡Que viva la música! requiere de una postura abierta y propositiva, porque es más que válido preguntarnos como espectadores por el porqué o el para qué seguir viendo y contando historias como estas, que nos transportan a un pasado oscuro de líneas blancas con olor a muerte y de excesos que abrazan la noche y parecieran difundirse con el alba. Las respuestas a este debate no las tengo yo ni mucho menos, de hecho la idea es que se animen y se hagan escuchar, ¡los gustos cinematográficos son tan diversos como la salsa misma, y como bien dice la cinta, hay que sabotear los cines!

Gracias por acompañarme en un nuevo lunes de cine de Si No Le Gusta No Lea, y vengo con noticias, ¡les cuento que ya estamos estrenando imagen en Facebook! allì estoy para leerlos y escucharlos, de verdad espero que con el tiempo logremos ser un espacio interesante para compartir e intercambiar opiniones.

Espero noviembre sea un mes maravilloso para todos, y como siempre diré: si no le gusta, no lea, y si le gusta, ¡comparta!

Hasta la próxima.

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