Diarios de Filbo 2016: ¡Ahí viene la Nobel!

 

Muy buenas noches queridos cuchurrumís, ¿cómo los trata la vida? Espero que muy bien, luego de que tuviéramos un festivo para descansar, consentir a mamá y leer mucho. Hablando de mamá, ¿le regalaron libros? Yo sí, le conseguí el libro del Papa Francisco y se puso feliz y dichosa…

Pasando a lo que nos concierne, les cuento que esta pequeña colección de posts alusivos a mis aventuras en Filbo venía haciéndose esperar en un rinconcito de mi escritorio, y días y días abría los archivitos y les daba vueltas, porque la verdad es que no tenía idea de por dónde empezar a escribir, así que dije “Bueno, que sea en orden cronológico pues”, lo que nos trae al primer día de los varios que tuve la suerte de pasar en Filbo, ese evento tan sagrado para muchos, satanizado por otros, y es que algo es cierto: esta Feria nos dejó con muuuucho en qué pensar.

Esta primera entrada se la quiero dedicar a la Nobel de Literatura 2015, Svetlana Alexiévich, quien nos honró con su visita desde Bielorrusia. Luego de perder la batalla contra mi jefe y no poder asistir al conversatorio del jueves 21 en la Filbo a propósito de su libro “La guerra no tiene rostro de mujer”, mi última oportunidad estaba en su conversatorio con Martha Ruiz el sábado 23 en la Biblioteca Pública Virgilio Barco con motivo de la celebración de los 15 años de la Red de Bibliotecas públicas Biblored. Viviendo a dos cuadras de dicha biblioteca, era ahora o nunca, y pensaba “así me evito el caos con Germán y llego más tardecito a Corferias”, porque sí, me olía el caos que habría con Germán, pero ya hablaremos de ello más adelante.

Fue así que a las 8:00 am llegué a la Virgilio, con mis ejemplares de “La guerra no tiene rostro de mujer” y “Los muchachos de zinc”, (editados y distribuidos en Colombia por Penguin Random House Mondadori), y aunque el evento no empezaba hasta las  11 de la mañana, no sabía a qué tipo de público atenerme, así que preferí llegar con tiempo. Al llegar me encontré con los estudiantes de grado once del Instituto Educativo Distrital Sevilla, que habían llegado a las 5:00 de la mañana para “quedar de primeros y poder hacer la tarea de literatura”, así que no estaría sola conforme esperaba a que el tiempo pasara. La incertidumbre era total, ¿llegaría mucha gente?, ¿firmaría ejemplares? A esa hora ya se había anunciado la cancelación de la firma de libros de la autora en Feria por cuestiones de salud, así tal vez esta fuera la única opción. Mis sospechas sobre una posible sobrepoblación de lectores-con-ganas-de-Nobel se confirmaron cuando empezaron a llegar buses provenientes de las otras Bibliotecas Mayores de la red (Tunal, Tintal, Julio Mario Santo Domingo), y en ellos cientos de lectores ávidos por celebrar los quince años de la red y por supuesto de escuchar a la Nobel. ¿Adivinen a quiénes dejaron entrar de últimas? Yep, a nosotros, fieles madrugadores de la Virgilio. Al momento de entrar al auditorio, cuya capacidad era de 400-500 personas, el recinto ya estaba lleno en más del 70- 80%. Hubiera llegado más tarde y no habría clasificado a cupo, fin. Aun así, la expectativa era total, y las horas de espera se vieron justificadas cuando con manos temblorosas y el corazón a toda marcha vi hacer su entrada a Svetlana.

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Svetlana Alexiévich y la periodista Marta Ruiz.

 

Ahí donde la ven, esta mujer de contextura pequeña y mirada infinitamente triste, tiene en su haber una infinidad de anécdotas y mensajes valiosos para compartir, y sabía por boca de otros compañeros que la habían podido ver en sus demás conferencias que escucharla era una experiencia fascinante, así que con papel y lápiz en mano me dispuse a abrir la mente y el corazón para lo que Alexiévich tuviera que decirle a su audiencia colombiana. Las frases eran muchas, los sentimientos aún más, así que en lugar de parafrasear lo que pude anotar ese día, prefiero transcribirlo de forma literal, intentando seguir el orden que tuvo la conversación ese día, así que aquí vamos:

“Cada persona es una nueva visión del mundo, un nuevo entendimiento.”

“El hecho de haber nacido en un pueblo pequeño me permitió tener una mirada justa de lo que sucede.”

“No se puede imponer una idea por más bonita que sea…”

“La sociedad debe evolucionar, pero con evolución, no con imposición.”

“La libertad es un camino largo.”

“Putin es el resultado de muchas guerras, pero no la persona, la idea.”

“La guerra sigue, no va a terminar pronto, Rusia quiere ser un gran imperio todavía.”

“La causa profunda de la catástrofe de Chernóbil fue que las personas no estuvieron a la altura de las tecnologías que habían inventado.”

“Mientras más avanzamos y progresamos, mayor es el peligro atómico…”

“Las nubes de Chernóbil llegaron a África, nosotros en Bielorrusia tuvimos este viento de Chernóbil por cuatro años.”

“Cualquier dictadura es un poder de poca cultura.”

“Los bielorrusos somos cajas negras que guardamos la información para otras personas.”

“No se puede llenar a una persona de sólo historias trágicas y terribles. Quiero que mi lector entienda el horror pero el amor y la belleza son herramientas para poder procesar todo esto, para aprender de esto.”

“Cada persona cuenta su verdad y de allí surge su imagen del tiempo.”

“Necesitamos tener una vela prendida en nuestra alma para conservar esa humanidad que nos queda.”

“El hombre es víctima y preso de la cultura de la guerra, cree que es algo normal (…) la mujer, pese a ir al frente, no le era agradable matar…”

“Hay que matar las ideas, no las personas…”

“Nosotros los escritores no somos nada especial, es mi profesión y trato de vivirla de manera honesta.”

“Yo no hago una entrevista, yo escucho sobre la vida.”

“Yo amo a las personas, pero a veces me dan miedo las personas.”

“Mi relación con el poder desde el Nobel no ha cambiado.”

“Las voces son textos.”

“-Cuando se enteró del Nobel, estaba planchando… ¿Cómo cambió su vida?

-¡Sigo planchando igual!”

 Resulta difícil no sentir algo conforme avanza la conversación y afloran temas a los que como colombianos ya nos hemos acostumbrado: el dolor, la muerte, la guerra, pero también la fe, la esperanza y el perdón. Para alguien que ha estado en las ruinas de Chernóbil, en Afganistán,  y que ha enfrentado varios procesos legales por supuesta calumnia y difamación, sorprende el amor profundo que Alexiévich manifiesta sentir por la especie humana y por la vida. Su llamado es a buscar dentro de cada uno de nosotros la humanidad que nos queda, a mantener vivo lo mejor de nuestro ser, y a confiar en que, de algún modo, el mundo que verán nuestros sucesores será mucho mejor que ese en que hemos estado viviendo.

Como literata, esta experiencia resultó conmovedora en más de un sentido. En cierta medida me identificaba con esta mujer, con su deseo de honrar nuestra profesión y nuestro quehacer literario de buscar la belleza y la verdad en lo más oscuro y recóndito del ser humano. Como dije en un post de Facebook de esa misma fecha, la palabra es la tinta del libro de la vida, y recae en cada uno la responsabilidad de lo que hagamos con ella.

Contra todo deseo, el tiempo pasó y cuando menos me esperaba, la conversación fue llegando a su fin, y en medio de una ovación de pie que aplaudía frenéticamente, Alexiévich se retiró del auditorio rodeada de un dispositivo de seguridad bastante amplio y, la verdad sea dicha, algo paranóico.

Saliendo de la charla supe que la visita de la Nobel por la Biblioteca continuaba, y junto a otras  6 personas intentamos acercarnos a la sala VIP en donde estaba tomando unos pasabocas, sin grandes cámaras ni alardeos, sólo con nuestros libros y los dedos cruzados esperando un milagro. La policía y trabajadores de la biblioteca nos vieron, y muy campantemente cerraron las puertas y cortinas para que no pudiéramos ver nada. Por supuesto, a madame Diana Uribe sí la dejaron entrar, renombre llama renombre, c’est la vie.

Sin firma en mis libros pero con muchos pensamientos revoloteando en mi cabeza me fui de la Virgilio, sabiendo que no olvidaría jamás la mañana en que pude escuchar a una Nobel de Literatura.

La velada no acababa ahí, desde temprano me esperaba en la Feria mi mejor amiga de la oficina para entrar juntas al conversatorio con Nanette Blitz, quien fuera amiga de Ana Frank. Dicho conversatorio tuvo lugar en el pabellón de Holanda, simplemente maravilloso.

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Resultaba difícil sollozar conforme la señora Nanette entró a describir el modo en que su vida dio un giro espantoso hasta convertirse en una pesadilla, en la que por supuesto, no faltaron las menciones a Ana, la joven cuyo Diario fue el primer acercamiento de muchos de nosotros a la tragedia del Genocidio Nazi y la Segunda Guerra Mundial. Aunque el Diario lo leí hace muchos años, fue inevitable no llorar cuando Nanette dijo “Ana empezó a escribir en la escuela y siguió en su refugio. Tenía una opinión, una opinión del mundo, hubiera sido una gran escritora.”

Joder, a veces me pregunto por qué la gente buena como ella muere y la gente porquería sigue por ahí…

No los culpo si lloran, yo lo hice en su momento, porque a pesar de lo corta de la conversación, fue latente su invitación a no olvidar jamás ese episodio, pero siempre guardando la esperanza de que nuestros sueños y planes nos lleven hacia un futuro mejor, en el que jamás se repita un horror como ese.

En definitiva, otro momento para atesorar por siempre, y bueno, ya les contaré cómo me va con el libro de Nanette, que por fortuna me pudo firmar después de la charla…

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Habiendo cumplido con mis metas del día, llegó el turno para enfrentar la dura realidad: Corferias estaba imposible, y no era mucho lo que se pudiera hacer salvo huir despavorida. Por fortuna para mí, me encontré con unos amigos con quienes acabé comiendo pizza y arreglando el país.

¿Esperaba caos al llegar a Corferias? Sí. ¿Esperaba que se hubieran agotado las boletas y que Corferias colapsara de modo apocalíptico dejando por fuera a miles de personas? No, en definitiva no.

Aquí quiero decir algo: sí, duele que muchos prefieran ver en vivo a un Youtuber que conocer de primera mano el testimonio de una sobreviviente del Holocausto Nazi, pero sin entrar en polémicas, el problema mayor estuvo en que Corferias no brindó de modo alguno las garantías para que tanto los que iban por un Youtuber como los que iban por otro tipo de eventos y autores pudieran disfrutar de la Feria, y para muchas personas fue el fin de su tradición de ir a la Feria, porque no todos tienen la paciencia para ir al mismo lugar más de una vez y hacer las filas eternas con santa paciencia, todo para enterarse de que el aforo ya no da más y que deben volver otro día.

¿Acaso a futuro se desplazará a autores de mayor trayectoria para dejarle todo el espacio a las nuevas generaciones mediáticas? Aunque todas las generalizaciones suelen terminar mal, no niego que me inquieta un poco el preguntarnos para dónde va la Feria, y si realmente es o no el espacio pertinente para estos jóvenes cuyas “memorias” lideran las listas de más vendidos y llenan de dinero los bolsillos de la cada vez más diversa industria editorial. ¿Es rentable que todo Corferias se llene casi que exclusivamente con el público de un único libro de una única editorial en un día clave para el mercado como lo es un sábado? Ahí les dejo la inquietud para que reflexionemos juntos sobre lo que está pasando…

Este primer acercamiento a Filbo 2016 fue un abrebocas de lo que vendría en días posteriores: muchas emociones, encuentros inesperados y libros, muchos libros para recomendar, así que no se despeguen de Si No Le Gusta No Lea, que esto apenas comienza…

Gracias por compartir esta noche conmigo, recuerden que siempre estoy en Facebook y Twitter para leerlos en vivo y en directo y seguir recorriendo juntos esta autopista salvaje llamada vida. ¡Muchos ánimos que esta semana es cortica!

Si no le gusta, no lea, y si le gusta, ¡comparta!

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