Vuelve a soñar: reseña (libre de spoilers) de La La Land

Muuuuuy buenos días a todos, ¿cómo se encuentran? espero que muy bien, preparándose para estas fiestas decembrinas y para pensar en los planes y proyectos del 2017 con mucha paz, serenidad y alegría, ¿están listos para todo lo que viene? espero que sí, yo por lo menos no puedo esperar a ver lo que el 207 me depara…

Como parte de estos días especiales, quise adelantarme un poco a los hechos y compartir con ustedes uno de los mejores regalos que pueden recibir en estas fechas, y es algo de buen cine, ese que cuenta grandes historias y se queda con nosotros aún después de encenderse las luces y salir del teatro. Este regalo en particular se llama La La Land, llega a las salas de cine de Colombia el 22 de diciembre, y la principal razón de estarla reseñando /antes/ del estreno y no después como suelo hacer, es que esta película me ha impactado en tantos sentidos, que en verdad deseo que se motiven a verla, a disfrutarla y a bailarla de principio a fin, del mismo modo en que yo pude hacerlo en una proyección exclusiva de la cinta en el Stoned Film Festival de Bogotá,  así que sin más preámbulos, ¡vamos con el tráiler!

Bueno, tenemos aquí una película muy interesante y encantadora, con mucha tela por cortar, así que haré todo lo posible por no emocionarme en exceso e ir directo a los hechos, pero antes quisiera contar una pequeña historia para que entiendan un poco la euforia que despierta en mí La La Land:

Hace dos años, en un frío noviembre, tuve el honor y la alegría de poder conocer por unos cuantos días a Los Ángeles, esa ciudad tan romántica y brillante a la que la película de hoy le rinde honor: pude caminar sus calles, conocer sus silencios que, pese a ser más bien escasos, dan mucha paz a quien los descubre. Crucé sus calles buscando librerías e historias, perseguí a celebridades y lloré de la emoción en el Teatro Chino y en el Paseo de la Fama, pero no solo conocí su faceta más glamurosa, sino también la que nos presenta La La Land, y es esa ciudad que en sus rincones esconde cierta nostalgia por el Hollywood clásico, ese que abre sus puertas a los soñadores que esperan encontrar su lugar en un mundo de apariencias y sueños efímeros, pero que también está acostumbrado a decir y escuchar la palabra “No” a diario. Los Ángeles fue la primera ciudad a la que viajé totalmente por mi cuenta, en la que cumplí no uno, sino muchos sueños, y que desde el momento en el que llegué supo cautivarme y dejarme con ganas de volver a ella,  ¡así que qué mejor manera de regresar que con una película que grita su nombre!

Dirigida por Damien Chazelle, (el genio a quien le debemos el bombazo de película que es Whiplash),  La La Land nos cuenta la historia de dos soñadores que llegan a Los Ángeles a perseguir sus proyectos de vida: una de ellas es Mia (interpretada por Emma Stone), una aspirante a actriz que combina sus turnos en una cafetería de los estudios Warner con la escritura de guiones y las difíciles audiciones para ser descubierta como actriz. Introvertida y dudosa de sí misma, la vida de Mia dará un giro inesperado cuando conozca a Sebastian (interpretado por Ryan Gosling), un joven y ambicioso pianista que se niega a aceptar un no por respuesta, y que no piensa detenerse hasta haber logrado cumplir su sueño de abrir un bar de jazz en la ciudad.

Nuestros dos soñadores descubrirán que el dolor de las decepciones de la vida se logra llevar mucho mejor cuando tienes con alguien con quién compartirlas, y que tal vez,  Los Ángeles sí sea la ciudad perfecta para permitirse soñar y buscar el amor. Lo que nuestros protagonistas no esperan, es toparse con una lección bellísima que nos deja la película, y es que, a veces, la vida no resulta ser tal y como planeábamos, pero no por eso deja de ser una maravillosa melodía esperando ser cantada y bailada, y es que si hay algo que nos ofrece esta película, es precisamente eso, música.

Así es, señoras y señores, con La La Land el musical vuelve al lugar glorioso del que nunca debió haberse ido, ese lugar de culto en el que todavía hoy brillan los nombres de  Chicago, Moulin Rouge, The Artist y Les Misèrables  (por nombrar a tan solo unos pocos), y nos regala una oda audiovisual a una ciudad que enamora, con un elenco realmente maravillloso, secuencias de baile y música cautivadoras, y una historia que deja tarareando a quien se anima a verla.

La historia detrás de La La Land es una razón más para verla: Damien Chazelle había escrito el guion de la película en 2010, y solo tras el éxito de Whiplash pudo financiar este ambicioso proyecto, ¡para que vean que los sueños sí se cumplen! Seis años después, estamos ante una película que, en mi modesta opinión, en verdad tiene todos los elementos para arrasar en la temporada de premios que se acerca, con muy buenas críticas en los Festivales de Venecia, Toronto, New York y (por supuesto), Los Ángeles. En materia de actuaciones, Emma nos da un papel emotivo y profundo,  que no me sorprendería que le diera un Óscar a mejor actriz, y aunque juro que intento ser objetiva, no es secreto para nadie que Ryan Gosling es de mis grandes amores cinematográficos (por no decir que el principal), así que verlo bailando tap y cantando es un aliciente más para que desee ver esta película no una, sino mil veces, en verdad.

Juntos, Stone y Gosling, Mia y Sebastian, nos ofrecen a una pareja llena de complejidades, con muchos defectos y deslices, pero que solo hace que nos enamoremos más de ellos y nos identifiquemos con sus problemas y sus luchas, hasta llegar al punto de desear con todo nuestro ser que los dos tengan un final feliz (cosa que no les diré si ocurre o no, para eso deben ir a ver la cinta).

No podemos negar que la química en escena de Ryan y Emma es una apuesta ganadora, recordemos que esta es la tercera vez que los vemos como pareja, (sus anteriores películas juntos fueron Crazy, Stupid Love y Gangster Squad), así que sí, tenemos aquí a un dúo actoral que ya sabe explotar al máximo su potencial, y que logra llevar al máximo de la emoción esta historia tan bonita sobre el amor, los giros de la vida, y ante todo, sobre los sueños que le dan sentido y luz a nuestra existencia.

No puedo cerrar mi reflexión sobre esta película sin antes darles otro abrebocas musical, esperando que los convenza de ir a cine a deleitarse con esta obra maestra, así que aquí vamos:

La La Land es un regalo de navidad que todo cinéfilo merece darse, un elogio a una ciudad que ha visto nacer y crecer a grandes estrellas, y que ahora más que nunca necesita de soñadores que sigan creyendo en el arte, en la música y en las cosas bellas de la vida. ¿Se animan a soñar?

Muchíiiisimas gracias por acompañarme en esta mañana de cine en Si No Le Gusta No Lea, lo cierto es que películas como esta son la razón por la que este blog existe, y mientras sigan habiendo historias como la de Mia y Sebastian, aquí seguiremos para todos ustedes.

Les recuerdo que estamos en Facebook y Twitter 24/7, así que si se animan a ver La La Land, con muchísimo gusto los espero por ahí para comentarla juntos.

Espero que tengan un bonito inicio de semana, y recuerden, lo mejor está por venir, ¡resistan!

Si no le gusta, no lea, y si le gusta, ¡comparta!

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Un comentario en “Vuelve a soñar: reseña (libre de spoilers) de La La Land

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