Diarios de Filbo – día 4: 90.000 apocalipsis, 1 Filbo.

¡Sean bienvenidos a este lunes festivo de Si no le gusta no lea!

Ya sea que me lee desde el trancón de la operación retorno o desde uno de los maravillosos hermanos Latinoamericanos que tenemos (me he enterado de lectores en México, Argentina y Bolivia, ¡muchas gracias por estar aquí, me encanta saber de ustedes!) lo importante es que estamos aquí, juntos, para la penúltima entrega de estas mini-crónicas cargadas de vivencias, humor, y por qué no, algo de malicia.

Ya les hablé de la exploración de los primeros días de Feria, y también de la carrera intermunicipal para llegar a un evento de la editorial en que trabajo actualmente, así que hoy vengo a contarles del día más caótico e incómodo para mí, porque seamos honestos, no todo puede ser rosas y azúcar, ¿verdad?

Algunos me preguntan por qué fui tantos días a la Feria, y estos mini-escritos esperan enlucidar un poco la cuestión: hay días en que iba a comprar, otros en que iba a saludar a mis amigos y colegas en el medio, y otros, como ese fatal viernes 1 de mayo de 2015, en que iba porque, cuando quiero, puedo ser una amiga decente.

Mi querida Mónica del canal Los Libros de Mamá muy amablemente me hizo llegar a casa una invitación al conversatorio que iba a presentar en la Feria, junto con una copia del libro en cuestión: “Mi Hermanastro: el cuarto de los deseos” de la colombiana Dani Cubides.

Apocalipsis # 1: ¿Qué pasa con el mundo?

Mientras en días previos al evento intentaba ayudar a Moni a no morir de pánico (a fin de cuentas, presentar en Feria es un honor y una responsabilidad enorme), me preguntaba qué demonios podría generar tanta emoción y expectativa por una obra primeriza, cuya autora tiene apenas 17 años y que fue “adoptada” por uno de los grandes Titanes editoriales de nuestra era (Planeta). Digo adoptada porque, al igual que Anna Todd, Dani Cubides es lo que podríamos llamar “una hija de Wattpad”, esa grande y maravillosa plataforma de lectores y lecturas en la que muchos publican sus historias deseando ser descubiertos por agencias y editoriales, y bueno, a la chica Cubides le pasó.

Habiendo recibido “Mi Hermanastro: el cuarto de los deseos” a eso de las 9-10 de la mañana dije “Okay, vamos a leer hasta la hora del evento así no llego tan perdida.”

Ay.

Por.

Dios.

Es aquí cuando advierto que lo que viene a continuación no será bonito, y si sigue leyendo es porque entiende y respeta las diferencias de opinión, ¿okay? Okay.

Bien. La historia en resumidas cuentas (al menos hasta lo que leí, ya que siendo honesta debo admitir que no pude seguir leyendo luego de la página 135, era demasiado horror para mi gusto) : niña adolescente juega a 7 minutos en el cielo y termina teniendo sexo desenfrenado y perdiendo su virginidad con su hermanastro de quien luego se enamora.

Vale.

Me han llamado “estúpida”, “inmadura”, “retrógada” y muchas otras cosas por manifestar mi disgusto por este libro, y quienes me siguen en Goodreads son testigos de ello. Pero lo cierto es que si de Literatura erótica se trata, he leído unos siete libros de Nora Roberts, y también a Sade, quien empezó todo. Tampoco es una afrenta contra Wattpad o sus contenidos, leí los 3 de After que han llegado a Colombia, pude charlar largo y tendido con su autora, y yo misma he publicado cosas en esa plataforma, así que no, no es eso.

Simplemente no pude con tantos lugares comunes, mala redacción y una historia predecible (déjenme adivinar: ¿en capítulos posteriores hay más sexo e incluso un embarazo?)

Sí, sabemos que es importante promover la lectura, y sí, está la posibilidad de que hoy lean cosas flojas y mañana no, así que mientras iba camino a Corferias me preguntaba si con su historia Dani Cubides lograría llenar auditorio.

Pues sí, lo hizo. Y a mí me tocó de pie en el fondo.

Debo dar el mérito también al poder de convocatoria de Mónica, quien muy alegre y emocionada pasó al frente y tomó el micrófono para entrar de lleno en el conversatorio.

 La llegada de los otros 89.999 apocalipsis.

Tras 15 minutos de pie, mis bolsas de compras y mis cansados pies lograron dar con una silla libre en la que no hice más que revolverme y cambiar de posición una y otra vez. Incómoda, eso me sentía. El promedio de edad de los asistentes oscilaba entre los 13 y 17 años, ¿cuánto más podría resistir en medio de tantas hormonas alocadas? Una lluvia insistente retumbaba en el plástico de la carpa-auditorio, y ya fuera por el aguacero o la curiosidad, la carpa seguía y seguía llenándose, y llegó un momento en que no pude más: el espectáculo de preguntas flojas de la audiencia, el ego de una autora que dice “no poder escribir si no tiene el uniforme de colegio puesto” y los gritos histéricos de sus fans ante cualquier mínima cosa que salía de la boca de Dani fueron más que suficientes. Sin pena ni gloria, me retiré del lugar.

El cielo sobre Corferias reflejaba mi humor sombrío con nubes oscuras y un ventarrón tremendo, que de todos modos, seguía sin ser un impedimento para los ríos humanos que entraban por el Arco del recinto ferial. Pese a que no era día de entrada gratis, al parecer, el plan por excelencia del día del trabajo era ir a Filbo, ¿y el resultado? Un nuevo récord de asistencia, se habló de más de 90.000 visitantes, cifra que ciertamente me hizo agradecer el hecho de no estar asándome en un stand.

Camino a casa, a unas tempranas 4:30 de la tarde y en un taxi enviado directamente a mí por la Divina Providencia, mi mente revoloteaba tratando de procesar lo que había acabado de pasar. Si de esos 90.000 yo era la única enferma del ennui Baudelaireano no lo supe y temo que ni lo sabré, pero algo sí estaba claro: la Feria estaba dando un giro temático y de tendencias de 180 grados, y todavía me pregunto si estoy lista para ello o no, ¡habrá que ver!

Gracias por su compañía en este tercer día de mini-crónicas en Si no le gusta no lea, ¡prepárense para una semana de muchos contenidos, gocémonos esto!

Espero sea una bonita semana para todos, y ya saben: si no le gusta, no lea, y si le gusta, ¡comparta!

Sección de Quejas y Reclamos.

Hoy escribo con cierta amargura. Acabo de llegar de Corferias luego de un fin de semana algo caótico en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, y me siento muy aliviada de tener este espacio para desahogarme, así nadie lo lea, así no transforme el mundo. Sepan que lo que viene no va a ser bonito, y si se siente aludid@ bien puede remitirse al título de esta página y leerlo detenidamente: Si. No. Le. Gusta. No. Lea.

Hoy, quiero escribir sobre lo decepcionante de algunos panoramas de la Feria, porque sí, todos vamos, todos compramos, y sí, leemos, pero también aplaudimos conductas cuestionables de  un nuevo ente que no creo merezca llamar “literario”. Pasa que a Feria ya no solo vamos editores, lectores y autores, también van las “celebridades del ciberespacio”, esas que por ridículas casualidades de la vida terminaron moviendo masas cual si de grandes estrellas se trataran, pero cuando hay mucha forma y poco fondo el resultado es un simple ejemplo más de lo influenciables y poco independientes que podemos ser a veces. ¿Quién soy para venir a hablar de todo esto? a fin de cuentas,  nadie me pidió fotos estando en Filbo y mucho menos me dijeron “soy tu fiel seguidora”, pero aunque sea tengo la tranquilidad de saber que puedo escribir de lo que veo y de lo triste que es todo sin sentirme comprometida a agradar o perder seguidores, supongo que es la ventaja de tener lo que llamaría un “perfil bajo”.

Como he recalcado en posts anteriores y creo que jamás me cansaré de repetirlo, no soy diosa ni dictadora literaria ni nadie para venir a decir qué es bueno y qué no lo es, de joven leí fracasos narrativos de la talla de Crepúsculo y sé que podré tener 80 años y algunas/muchas personas seguirán encontrando adorable el echármelo en cara, pero luego de ello vinieron cuatro años de Estudios Literarios y énfasis en Gestión Editorial que me dieron algo que tristemente nos falta mucho estos días y que desearía que volviéramos a tener: criterio. No pretendo decir qué literatura es buena o mala. incluso ahora pasa que a veces me permito leer material comercial y de poca calidad literaria, porque seamos realistas, los lugares comunes, el sexo adolescente y las celebridades mediáticas son “lo de hoy” y “lo que vende”. Precisamente, quiero escribir de la frustración que sentí al ver a unas cuantas personas aplaudir y celebrar la visita  y la mediocridad de algunas personas que se jactan de ser “crític@s literarios” cuando en realidad, se valen de los libros para ser “famosos” de la red.

Muguruza (nombre que por salud mental he decidido otorgar a esta persona) tiene más o menos mi edad y un ego que con dificultad y lograba caber en el auditorio. Irónicamente, al momento de presentar al invitado de honor del evento al que asistía, no era sorpresa encontrar en la fila a personas que decían “no conozco a la autora pero vengo porque me encanta Muguruza”.  ¿En qué momento el reflector pasó de apuntar con mayor frecuencia a “la nueva revelación de las redes sociales y la literatura” que a los autores y a las historias en sí mismas?

Como muchos otros, Muguruza se para frente a una cámara y habla de “cosas”. Decidí darle un voto de confianza y pensaba “si va a presentar a un autor es porque debe de saber mucho del tema, de manera que sea un buen conversatorio” porque, en teoría, los conversatorios son dinámicos, polémicos incluso, ¿pero con qué me topé?:

“¿Qué te inspira a escribir?”

“¿Cuál es tu personaje favorito de tu libro? ¿Y el menos favorito?

….

….

….

¿Y con preguntas tan “clichés” y argumentos ligeros de peso y de poca profundidad se hacen llamar “críticos” y “reseñistas”? ¿Dónde quedaron la investigación previa, el cuidado por las palabras y el respeto por quienes leen sus comentarios? ¿Han pensado alguna vez en la responsabilidad tan tremenda de representar a un país en diálogo con un autor que viene por primera vez de visita? Aparentemente no, pero a pesar de que “se le olvidaron las preguntas” a Muguruza no parecía importarle, en el fondo sabía que la gente iba por verla a ella y no a su entrevista.

Muguruza, contrario a la creencia popular sabe lo que hace, se ha valido de los libros para ser una celebridad mediática, al punto de tener no a uno sino a tres gerentes de diversas editoriales debatiendo sobre “quién hizo posible que viniera a la Feria”, ¿acaso importa? a la gente no le importa de lo que hable, puede ser material de pésima calidad, pero por ser ella quien lo dice, sus miles de seguidores querrán leerlo, ¿y no es ese el opio del mundo editorial? la reflexión sobre algunas /bastantes tendencias literarias de la Feria claramente apunta a la cantidad por encima de la calidad, y no puedo decir que no compre basura, porque la compro señores, y la leo, porque criticar sin conocimiento de causa también es un ejercicio peligroso y que procuro evadir a toda costa. Lo que realmente me molesta es que endiosemos lo que no es, que tomemos por “una buena reseña” o “un buen comentario de un libro” a estos análisis de poca profundidad y que no dejan nada nuevo, no generan algo en quienes los ven o los leen. Deberían unirnos las letras, no los números de visitas o el mendigar por escuchar un simple “un saludo para menganita en Cúcuta, ¡besitos!” en medio de un video de Youtube.

Sería pecaminoso y poco prudente decir que solo hay Muguruzos allí afuera, pese a que sus redes sociales no tienen miles de seguidores y las editoriales no les envían unos 5-7 libros gratis al mes, todavía hay unos pocos críticos verdaderos por ahí, esos que no les tiembla la mano para decir que un libro es malo pese a ser popular, y que no escriben o hablan en sus videos sobre lo que su “público” espere, sino sobre lo que realmente merece ser contado. No dejen de buscarlos y darles una oportunidad.

Entristece saber que los números de Muguruza seguirán creciendo, que para el próximo año no tendrá en el bolsillo a 3 sino a 5-7-10 editoriales llamándola “una gran figura de la literatura juvenil colombiana”, incluso, no me sorprendería que le publicaran algo, estos días los nombres pesan más que las acciones, y si pedimos opio eso nos darán, porque nos hemos conformado con  “lo que nos dan”. No porque un libro sea obsequio de una editorial se convierte en el nuevo Ulises, ¿saben?.

A veces me gusta creer que Muguruza me odiará, que enviará a sus legiones de adeptos a defender su talento y a argumentar que “no sé nada y que ella sí que ama leer”. Sí, yo también amo leer, pero también amo el hecho de saber que parte de la variedad literaria está en el dulce debate de la crítica y de las posibilidades de reflexión cuando se tienen argumentos, referentes válidos como fruto de una labor investigativa y una mente dispuesta, pero no a impresionar a los espectadores semana tras semana, sino al verdadero intercambio de conocimientos y saberes. Y eso, querida Muguruza, no es algo que encuentres en los reportes de interacción de tus redes sociales. Las celebridades mueven masas, los críticos movemos ideas.

Si quieren saber más de mis andares en Feria no se pierdan el proyecto en que estaremos trabajando junto con el blog Liberando Letras el próximo fin de semana cuando nos adentremos en una crónica sobre otra tendencia – opio juvenil para analizar.

Ya saben que si leen estos posts se atienen a que mi pluma ataque a sus consentid@s, así que hagámonos un favor y repitamos una vez más la regla de oro: Si no le gusta, no lea, y si le gusta, ¡comparta!