Seis años valieron la pena: reseña de “Mil veces hasta siempre” de John Green

¡Muuuuuy  buenas tardes, queridos lectores y lectoras de Si No Le Gusta No Lea!

¿Cómo los recibe esta tardecita de ombligo de semana? No puedo creer que nos estemos acercando más y más a la mitad del penúltimo mes del año, tal vez sí sea cierto que el tiempo está marchando más rápido que de costumbre, o simplemente una parte de nosotros se niega a aceptar que, querámoslo o no, el 2017 va poco a poco llegando a su final, y lo que se hizo, se hizo.

Pero bueno, por fortuna para todos, el mes de noviembre nos trae muchas cosas fabulosas en la agenda, incluyendo el libro del que quiero hablarles hoy, y que, mano en el corazón, llevaba mucho tiempo esperando, se trata de “Mil veces hasta siempre” (en inglés, “Turtles all the way down“), del estadounidense John Green, y perteneciente al sello Nube de tinta que edita Penguin Random House. 

Un primer aspecto a aclarar antes de empezar es el título de la novela, pues aunque todos esperábamos encontrar en su traducción la palabra “tortuga”, lo cierto es que la expresión a la que hace referencia el título original no era tan sencilla de traducir, así que sí, parte del asunto está en tener una metáfora que pierde lógica si se traduce literalmente, así que seamos algo flexibles al respecto, por favor.

El libro llegó a mis manos tras algunas semanas evitando a toda costa cualquier posible spoiler de la trama, sobre todo teniendo en cuenta que con el dólar tan alto había evitado comprarlo en mi Kindle, así que con toda la expectativa del caso me di a la labor de desconectarme de todo y de todos para poder disfrutar esta historia que tanto tiempo llevaba esperando.

En mi lectura pude conocer a Aza, una joven para quien el mundo es una masa enorme de bacterias y peligros. Para ella, cosas en apariencia sencillas de hacer como dar la mano, besar o acostarse al lado de alguien son todo un desafío, pues su mente marcha a mil por hora y la lleva a pensar en todas las posibilidades del contacto humano: ¿y si esa persona que le da la mano no se la ha lavado en varias horas y le pasa sus gérmenes?, ¿y si en la lengua se alojan suficientes bacterias para matarla? Lo que para muchos es un drama excesivo, para Aza es su día a día. ¿Por qué? Pues porque, señoras y señores, nuestra protagonista tiene ansiedad. A-N-S-I-E-D-A-D. Cuanto antes se acostumbren al término, mejor.

La rutina de Aza transcurre entre sus distintas manías y sus constantes esfuerzos por mantener una apariencia de “normalidad”: la fórmula incluye ir al colegio todos los días, manejar a su coche Harold, fingir que se toma sus medicamentos y escuchar a su mejor amiga de toda la vida, Daisy, una loquilla creativa y extrovertida amante de los fanfics de Star Wars. La ya caótica vida de Aza dará un giro cuando un misterio involucre a su compañero de la infancia, Davis, y guiada por la histeria de Daisy, nuestra protagonista emprenderá una búsqueda de pistas que bien podrán llevarla a descubrir el acertijo, o ¿por qué no? plantearse nuevos interrogantes sobre su pasado y el de Davis.

Como ya es habitual en la narrativa de John Green, nos encontramos con un relato lleno de humor adolescente, situaciones del diario vivir juvenil y muchas frases que llegan al alma, de esas que vale la pena atesorar y marcar con post-its para luego releer.

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El talento de John radica en presentarnos personajes complejos, con muchos defectos y altibajos tanto físicos como emocionales, y precisamente esa es la clave, no se idealiza en modo alguno la etapa de la adolescencia, y mucho menos se subestima a sus lectores, simplemente hay realidades y cosas que pasan y así- es- la vida.  Por unos instantes, logramos olvidarnos de nuestras propias tragedias para acompañar a sus protagonistas en distintos viajes de introspección, y ese vínculo que se genera entre el lector y los personajes es lo que permite que todavía recordemos con cariño a personajes de otras de las novelas de Green como lo son Alaska, Quentin, Margo, Hazel y por supuesto Augustus.

Como alguien que ha lidiado con un problema de ansiedad durante varios años, debo decir que me identifiqué con Aza desde el inicio, entendí realmente sus luchas, sus miedos, y el modo tan genial en que John nos presenta a esa “vocecita” que algunos días hace que hasta levantarse de la cama sea una labor titánica, y es que si hay algo que nos muestra “Mil veces hasta siempre“, es que debemos romper con el estigma de las enfermedades mentales y abrir el diálogo para aceptar y apoyar estas realidades, pues en ocasiones resulta muy sencillo juzgar a alguien sin saber los demonios con los que está batallando esa persona, ¡ de seguro hay muchas Aza allí afuera!

Como es habitual en mis reseñas, no pienso decirles cómo termina el libro, sería poco ético de mi parte, pero sí puedo decirles que en esta nueva novela hay giros sutiles que la diferencian de otras novelas de temática difícil como lo son “Buscando a Alaska” y “Bajo la misma estrella“, así que si pensaban que ya lo habían leído todo sobre este autor, tal vez sea un buen momento para reconsiderarlo.

La invitación es a que le den una oportunidad a esta novelita que 1) se lee meeeega rápido, 2) puede propiciar un diálogo cercano y realista sobre las enfermedades mentales, sin caer en ladrillazos técnicos o en victimizaciones innecesarias. Además, el club de fans oficial de John Green en Colombia tiene para todos sus lectores las Semanas de John Green, del 8 al 24 de noviembre, con muchas actividades y sorpresas para los Nerdfighters (fact: así se llaman los fans de John y Hank Green).

Me despido por hoy recordándoles que siempre estoy leyéndolos en Facebook y Twitter, la idea es que juntos sigamos construyendo ideas, sueños y aventuras en torno a la literatura y al cine, ¿me acompañan? 🙂

Espero les haga un bonito clima finalizando el día, que no se me laven con estas lluvias de locos y que reciban muy pronto esa sorpresa que tanto tiempo llevan esperando.

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Entre editoras nos entendemos: reseña de “El peso específico del amor”

¡Muy buenos días, queridos lectores y cuchurrumís de Si no le gusta no lea!

Un mes que despedimos y uno que recibimos con la angustia de saber que el año se nos empieza a acabar y con la esperanza de saber que todavía podemos cumplir algunas metas y concretar uno que otro sueño pendiente por ahí.

Hablando de sueños pendientes, estoy muuuuy feliz de poder compartir un nuevo miércoles de libros con todos ustedes, de hecho, acabo de darme cuenta de que llevamos unas cuantas semanitas juiciosos con reseñitas de libros todos los miércoles, ¡yippy yay yay!

El libro de hoy llegó a mí gracias a nuestros amigos de Ediciones Urano, que distribuyen en Colombia el sello Umbriel al que pertenece la novela de hoy, llamada “El peso específico del amor” así que sin más introducciones, comencemos:

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Si un día de estos les preguntara en qué consiste el oficio de nosotros los editores, ¿qué me responderían?, ¿que leemos por montones?, ¿que trabajamos con autores? Las respuestas son muchísimas, y para Francesca, nuestra protagonista de hoy, su trabajo como editora es el centro de su vida. Entrada en sus 30’s, los días de Fra transcurren entre manuscritos, autores egocéntricos, reuniones poco provechosas, un director editorial histérico y una rutina que, si bien la mantiene ocupada 25/8, no está del todo mal, si hasta tiene una relación estable con su compañero de apartamento, Edoardo.

En apariencia, la vida de Fra es muy normal, pero cuando llega la noche, todo cambia: su cocina se llena de aromas, ingredientes y sabores, y es que nuestra protagonista casi nunca pega el ojo. Detrás de su vida rutinaria y predecible, Fra está lidiando con un problema familiar bastante complicado, y la monotonía en que ha caído su relación con Edoardo la ha llevado a pasar las noches enteras horneando todo tipo de recetas con tal de evitar estar sola con sus pensamientos.

Como si todo esto fuera poco, un encargo de su jefe pondrá a Fra entre la espada y la pared, porque ¿qué puede pasar cuando te asignan editar la próxima gran novela de la literatura italiana, cuyo autor es un divo de primera categoría? Leonardo Calamandrei, rompecorazones y dueño de los afectos de todas las librerías y editores italianos, es la bestia que Fra tendrá que domar en una carrera contra el reloj para publicar su próxima novela, la cual bien puede salvar o condenar a la editorial en que trabaja, y de paso, su carrera.

Leonardo, acostumbrado a que nadie le diga que no y a escribir cuando le dé la gana, sin seguir consejo o pauta alguna, será la cereza que necesite el pastel de Fra para quemarse, y nuestra protagonista terminará enfrentando un sinfín de situaciones que la llevarán a preguntarse por sus planes de vida, sus sentimientos para con Edoardo, y ¿por qué no? por los límites del amor a la hora de entregarse en una relación, pues si hay algo que nos enseña este libro, es que no porque eres editor de novelas románticas significa que tu vida sea una. 

¿Podrán Fra y Leonardo publicar su novela? ¿Cuántas recetas aprenderemos en el proceso? Estas son tan solo algunas de las preguntas que resolverán si se animan a leer esta novela de la autora italiana Federica Bosco, que con un estilo muy personal y cercano termina por presentarnos con algo de humor las carreras de la vida editorial, combinadas con las distintas vidas de sus trabajadores.

Tal vez, el hecho de ser editora fue lo que me permitió conectar de inmediato con la novela, pues ponerse en los zapatos de Fra resultó sencillísimo para mí, en ocasiones me sentía en sus reuniones editoriales o en sus carreras por terminar un proyecto a tiempo, ¡son cosas que pasan todo el tiempo!

Ahora, al entrar en su cabeza nos topamos con un personaje tremendamente herido, con muchas cosas de su pasado que deben ser sanadas, y una necesidad profunda de encontrar el amor verdadero, pero no el de los cuentos de hadas, sino ese que te acepta rota y despeinada, con tus manías y defectos, que toma el control de las situaciones cuando sientes que el mundo se te viene encima y que ya no puedes sola con todo, y eso fue algo que me gustó muchísimo de esta novela,  pues me recordó que, en ocasiones, la simpleza de la vida cotidiana es un material igual de válido y provechoso para crear una historia llena de altibajos emocionales y uno que otro giro inesperado. Eso sí, respiren profundo y llénense de paciencia a la hora de leer los capítulos finales, ¡ya verán por qué!

Sin entrar en más detalles, pues vale la pena que lo lean, quiero cerrar invitándolos a que, como Francesca, reflexionen por un momento en todas esas cosas que hacen de su vida algo especial y único, en esas personas que les recuerdan que los malos momentos de alguna manera tienen que pasar, y que nada puede ser tan malo si tienes algo de chocolate y vainilla a la mano, ¡así que no se olviden de ellas!

Les recuerdo que siempre estamos en Facebook y Twitter para leernos y comentar esas lecturas que nos endulzan o salan la vida, ¡así que los espero por allá!

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Lucha. Ama. Sobrevive: cinco claves express para entender las Sagas “Rebelión” y “TGM”

¡Muy buenas tardes, queridos lectores y cuchurrumís de Si No Le Gusta No Lea!

¿Cómo están en este miércoles algo frío pero con pequeños atisbos de solecito? ¿Preparados para morir viendo Stranger Things el viernes? Espero que sí 😀

Hoy, vengo con un miércoles de libros algo flash pero no por ello menos divertido, así que prepárense para viajar unos añitos en el futuro y adentrarse en las sagas Rebelión y TGM (Tercera Guerra Mundial), escritas por la talentosísima Anna K. Franco y editadas por Ediciones B con el sello Blok (que, recordemos, ahora hace parte de la familia Penguin Random House).

1) Un sistema político digno de las buenas distopías

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Ya sea que empiecen sus lecturas por Bios, 2023 o por Rebelión, Alienación y Abdicación,  el común denominador en todas estas novelas es el caos reinante en una sociedad para la que la Tercera Guerra Mundial es/ha sido inevitable. Ya sea antes o después de dicho conflicto, lo realmente importante es que los gobiernos continúan tan ciegos y hambrientos de poder como en la actualidad. Contrario a lo que cabría esperarse, el futuro no es tan esperanzador como podría pensarse, así que prepárense para experimentar el caos y la violencia de una sociedad que sacará lo mejor y lo peor de sí con tal de sobrevivir. Sean bienvenidos al Nuevo Mundo…

2) Personajes para todos los gustos

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Nahier, Lenah, Annie, Alexander, Mike y Kate, son tan solo algunos de los nombres de los valientes y encantadores personajes que encontrarán conforme avancen en sus lecturas.  No planeo hacerles spoiler y decirles en qué libro(s) aparece cada uno, solo sepan que no estarán solos en sus lecturas, por el contrario, se encontrarán con personas tan humanas, sensibles y frágiles como ustedes o como yo. La chispa está en el modo en que dichas debilidades serán usadas a favor o en contra cuando el mundo parezca venirse abajo, y es su misión como lectores abrirles las puertas del corazón a todos ellos y acompañarlos en sus errores y aciertos, en sus miedos y esperanzas.

3) Acostumbrémonos a ver doble

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Los mundos de las sagas Rebelión y TGM están marcados por algunos de los tópicos más conocidos de la ciencia ficción, que recordemos, se pregunta por el futuro y el alcance de los avances científicos y tecnológicos. Por supuesto, estos avances no necesariamente han de traducirse en progreso y avance para todos, de allí que hablemos de distopías, es decir, de sociedades imperfectas pese a su gran despliegue tecnológico y aparente orden social. Temas como la clonación humana, el control mediante agentes químicos y el uso de seres humanos como juguetes militares son algunos de los tópicos que encontrarán en sus páginas.

4) Ohhhh el amor

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No porque el mundo se esté acabando significa que no tengamos tiempo para buscar a esa persona que nos haga ser mejores cada día y luchar contra nuestros demonios. En este caso, el amor será un tema transversal en todas las novelas, una gran base para que todas las acciones y decisiones que se tomen. Una de las grandes lecciones que me dejaron estos libros fue precisamente esa, que gracias al amor se vencen los miedos, se sanan las heridas y se sale adelante, un día a la vez.

A pesar de tener momentos románticos y muchas frases que llegan justo al corazón, más allá de caer en clichés o convencionalismos, las relaciones amorosas que conoceremos en estas sagas son mucho más complejas, pues tanto héroes como heroínas tendrán que aprender a poner en una balanza sus sentimientos y los sacrificios que la guerra les demanda, ¡nada es tan sencillo como parece!

5) Talento de Argentina para el mundo

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Por último, pero no menos importante, quisiera preguntarles, ¿cuál fue el último autor o autora latinoamericano que leyeron? Es muy significativo para mí el hecho de que tengamos a autoras como a Anna K. Franco o Romina Russell apuntándole a este tipo de narrativas tan bien estructuradas y complejas, alejándose del estigma de que América Latina no produce literatura juvenil de calidad, ¡todo lo contrario! sagas como RebeliónTGM y Zodíaco no tienen nada que envidiarle a otras distopías nortamericanas como Los Juegos del Hambre y Amanecer Rojo, así que démosle una oportunidad a nuestro querido continente, yo lo hice y salí gratamente sorprendida.

Espero se animen a conocer estas sagas, a leerlas y comentarlas siempre que deseen en nuestro Facebook y Twitter, ¡aquí estamos siempre para ustedes!

Ojalá estén teniendo una semana muy bonita y productiva, ¡ya pasamos la mitad, sí se puede, sí se puede!

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Está bien no estar bien: reseña de “Cosas que piensas cuando te muerdes las uñas”

¡Muy buenos días, cuchurrumís! ¿Cómo amanecen en este ombligo de semana? Yo siento que casi no me ha rendido, la ventaja de los festivos es que uno descansa montones, pero después hay que hacer en cuatro días el trabajo que sueles hacer en cinco días, ¿no les pasa algo similar?

Hoy, me emociona muchísimo poder compartir con ustedes una reseñita de un libro que llegó a mis manos gracias a Editorial Planeta, y que viene muy bien en este mes en que hablamos de brujas, arañas, zombies y demás cosas que nos “asustan”. Se trata de “Cosas que piensas cuando te muerdes las uñas”, de la autora colombiana Amalia Andrade, y en verdad me alegra MUCHO que me acompañen el día de hoy a hablar de esto.

Para empezar, quisiera contarles que tuve el gusto de ver un par de clases con Amalia cuando estudiábamos en la Javeriana. Era un grupo de alumnos bastante interesante, del que salieron nombres bien conocidos en las letras colombianas actuales, como es el caso de la propia Amalia o de su gran amiga y también autora publicada, Alejandra Algorta.

¿Sabía en ese entonces que en el futuro estaría reseñando sus libros? Posiblemente no, pero sí que recuerdo a Amalia como una mujer decidida, muy participativa y creativa. Precisamente, todas estas cualidades salen a flote en su libro, segundo que publica con Planeta (el primero es “Uno siempre cambia al amor de su vida por otro amor, o por otra vida”), y primero que me animaba a leer.

La expectativa era enorme, pues recuerdo las largas filas para sus firmas en Filbo, así como sus tweets sobre Meryl Streep, de manera que una noche, al llegar a casa después de una jornada particularmente estresante en mi oficina, decidí empezar a leer, y lo cierto es que casi no puedo parar. Pero basta de mí, hablemos de nuestro libro de hoy:

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Amalia Andrade con su libro.

¿Qué es el miedo? ¿Es acaso una proyección de eso que callamos y reprimimos conforme crecemos? ¿O es eso que sentimos cuando vamos al cine cuasi obligados a ver una película que sabemos que NO nos va a dejar dormir en paz esa noche? ¿O tal vez, es esa sensación de querer hacerse bolita al llegar del trabajo porque sentimos que la vida es demasiado caótica para nosotros?

Pues bien, en su libro Amalia nos habla sobre el miedo en todas sus formas, partiendo de la humildad de quien ha pasado por momentos bastante duros en su vida, y aun así, en lugar de dejarse ganar por sus temores, prefiere apelar a la escritura como un ejercicio de sanación y de hacerle frente a esos miedos que todos hemos experimentado en algún momento de la vida.

Apoyándose en referentes científicos, pero nunca cayendo en un tratamiento ladrilludo del tema, esta autora nos habla de las distintas clases de miedo, de sus posibles explicaciones, orígenes y formas de afrontarlo, utilizando ese tono dialógico y ameno que tan bien le funciona, y acompañando sus pensamientos y reflexiones de divertidos dibujos (SELENA <3) que más que caer en la parodia, terminan por lograr que todos sus lectores nos identifiquemos con siquiera uno de los temas que desarrolla en sus capítulos.

El libro no solo se queda en teorías o anécdotas de la autora, sino que también cuenta con distintas actividades que nos ponen a pensar en nuestros propios miedos, a dialogar con ellos, de manera que logremos entender si realmente le tememos a las culebras por ejemplo, y no a lo que estas representan (el dolor físico, que nos tengan que amputar un brazo, la muerte).

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Debo reconocer que al comienzo sentí miedo de tener que dibujar o escribir mis miedos de la infancia o de la actualidad. Era como volver a vivir esas noches de llanto y sacudidas nerviosas por temor a que el payaso de It viniera a matarme mientras dormía (cosa que sigo pensando la verdad), pero poco a poco decidí darme la oportunidad de intentar sanar algunas de esas heridas, y aunque sigo negando rotundamente que me inviten a ver la nueva de It, siento que, tal vez, en el futuro podré hablar de todos mis miedos sin tener una crisis nerviosa.

En definitiva, Amalia nos abre el corazón y la mente para contarnos el modo en que distintas fobias la llevaron a negarse algunas oportunidades, y apoyada por los ejemplos de fobias de varios de sus amigos, nos recuerda la importancia de hablar sin penas o tapujos acerca de enfermedades mentales como la ansiedad y la depresión, pues en muchas ocasiones puede suceder que nuestras mentes nos jueguen malas pasadas, y solo hablando del tema y buscando ayuda de profesionales podremos dar una batalla justa a esas voces que a veces nos dicen que nuestros miedos son más grandes que nosotros.

Llegué a este libro con mucha curiosidad y me quedo con la satisfacción de haber disfrutado y reído con muchas páginas, pero también el haber llorado y tenido que parar en algunas otras, y siento que esa era precisamente la idea, el sacar un ratico para uno mismo y poder enfrentarse a esos cajoncitos ocultos en lo más profundo de nuestras cabezas.

En verdad espero que este libro ayude a muchas personas del modo en que sé que ayudó a Malita y me ayudó a mí, además que trae varias cosillas para enriquecer la experiencia de lectura, y unas gomitas de-li-cio-sas.

Si quieren saber más de Amalia, pueden visitarla en sus redes sociales (Facebook, Twitter, Instagram) y participar del proyecto #MiedoAlMiedo, subiendo a sus redes las fotos de su experiencia de lectura. Aquí va una mía:

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Espero que se hayan divertido en este miércoles de libros, y ya saben, siempre estamos en Facebook y Twitter para todos ustedes.

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Entendiendo la angustia de la página en blanco: 5 consejos contra el bloqueo del escritor

¡Muy buenos días, queridos lectores de Si no le gusta no lea!

Me disculpo por haber estado tan perdida del blog últimamente, espero que el post de hoy pueda explicar un poco la situación y, tal vez, ayudar un poco a quienes en algún momento se hayan sentido en esta misma etapa con sus escritos, así que aquí vamos.

¿Les ha pasado alguna vez que han deseado sentarse a escribir, ya sea ficción o no ficción, y simplemente no se hallan? Si la respuesta es sí, posiblemente estén lidiando con uno o varios episodios de Bloqueo del escritor.

Contrario a la creencia popular sobre esto siendo un simple “berrinche creativo”, el término es tan válido como cualquier otro proceso neurológico o psicológico, y fue acuñado por primera vez en el año de 1947 por el psicoanalista Edmund Bergler.

El bloqueo del escritor puede deberse a distintas razones, tanto físicas (una mala postura, fatiga ocular), como emocionales (un duelo reciente, estrés, depresión), y ligado a ese bloqueo puede darse una situación particular, llamada el “Síndrome de la página en blanco”, aquel en el que ver una hoja (o archivo Word) en blanco se generan altos niveles de ansiedad, angustia e incluso terror.

¿Qué nos puede llevar a temerle tanto a un simple pedazo de papel o a un procesador de texto en blanco? ¿Es acaso la presión editorial que nos dice que debemos terminar nuestros escritos para tal o cual fecha, o incluso nosotros mismos que tememos empezar a escribir y no ser lo suficientemente buenos? No pretendo que me respondan, creo que somos tan diversos como la literatura misma, y ciertamente no podemos encasillar nuestros hábitos de escritura, pero si sienten que algo de esto que escribo les aplica, pues genial, ¡aquí los escucho!

En mi caso particular, han sido infinitas las ocasiones en que he abierto WordPress, dispuesta a escribir un nuevo post literario o de cine, y en cuanto tecleo el posible título, ¡BAM! se van las palabras como si de la nada se oprimiera en mi cerebro una tecla misteriosa que pareciera querer bloquear que las palabras fluyan y las ideas formen un texto, ¡joder!

Investigar sobre el tema me ha hecho sentir un poco más tranquila, hasta el punto de poder estar aquí hoy, tratando de retomar un poco las cosas y con la esperanza de “reconectar”. A continuación les comparto unos truquitos que he ido poniendo en práctica y que me han ayudado bastante, sobre todo ahora que he vuelto a escribir cosillas académicas para la U, así que bueno, empecemos.

  1. No te obligues a escribir: así muchos afirmen que escribir es una labor de disciplina y rigor, también es cierto que no hay un tiempo estricto para desarrollar una idea. Si tienes que dejar descansar un texto y retomarlo después de un descanso, así sea de un día para otro, posiblemente lo abordarás mejor. Ahora, caso contrario ocurre si te dormiste sobre los laureles y tienes encima todas tus fechas de entrega, ahí sí, ¡escribe, escribe, escribeeeeee!
  2. No cuentes palabras o caracteres: en ocasiones sentimos que nunca llegaremos a esa meta de 3 a 5 páginas que piden los profesores, o ese capítulo de tu novela que prometiste escribir cada semana; las ideas tomarán lo que tengan que tomar, y si las reduces a una cifra, posiblemente estarás coartando tu propio potencial creativo. Últimamente he evitado a toda costa mi contador de WordPress, porque no quiero pensar en si el post será más largo o más corto que otros posts que he hecho: diré lo que tenga que decir y ya está.
  3. No pienses que eres un fracaso porque tu producción se detiene: muchos escritores como Orwell, Fitzgerald o Pullman han reflexionado al respecto, y la angustia que supone un bloqueo ya sea al iniciar o continuar un texto es en realidad un llamado a respirar, tomar una pequeña pausa e indagar un poco en aquello que puede estarnos bloqueando al escribir. Si es una emoción conflictiva, validémosla, hablemos de ella, o mejor aún, escribamos cualquier otra cosa que nos ayude a descargar la mente, así sea palabras o ideas sueltas. A veces, nos callamos tantas cosas que terminamos callando lo bueno también, y creámoslo o no, ese problema que tuvimos en la oficina o esa noticia inesperada que recibimos llegando a casa por la noche pueden desviarnos del diálogo que llevábamos con nuestros personajes e historias. No hay nada malo en tener un día difícil que luego termina convirtiéndose en una escena triste de un escrito,  incluso, puedes volcar esas emociones en tu historia, haciendo catarsis hasta el punto de decir “hey, mi día fue una mierda, démosle a este personaje una aventura menos miserable que me aparte de todo esto”. A veces, viajar con ellos puede alejarnos un poco de nuestros propios demonios.
  4. Intenta cambiar de formato: este experimento lo realicé varias veces en la Universidad, cuando me pedían que escribiera poesía (género que siempre me ha dado durísimo), y pasaba horas y horas sentadas frente al computador. Un buen día, mi compañera Susana me dijo “siente el papel”, así que apagué el computador y empecé a garabatear en uno de mis cuadernos. Las palabras salieron disparadas de mi esfero, y desde entonces casi siempre boceto ideas en esfero y papel si el computador no me ayuda. Sé que en MUCHOS posts han hablado de lo genial que es llevar siempre contigo una libretica de ideas y lápiz o esfero. Coincido con ellos, no dejemos que las ideas se nos vayan solo porque no tenemos un computador o tablet a mano.
  5. El ambiente cuenta: ¿tienes frío? ¿hambre? todos estos impulsos biológicos pueden distraernos más de lo que creeríamos posible, basta con hallar un lugar cómodo, con música agradable, un buen chocolatito que nos motive y respirar profundo para que poco a poco nos sintamos listos y preparados para escribir.

Espero que estos truquitos les sirvan a la hora de enfrentar ese terror que puede darnos el empezar o retomar un escrito. Ante todo, recordemos que, si escribimos, es para nosotros, no en pro de aplausos colectivos o alabanzas. Si estas vienen, magnífico, y si no, también: lo realmente importante es que nosotros estemos bien con nuestras ideas.

No están solos, sepan que somos muchos en este caminar de plasmar ideas y sueños en palabras, y solo un poquito de esperanza puede hacer la diferencia.

Ojalá se hayan entretenido siquiera una pizca en esta mañana de obligo de semana, cualquier cosa, sepan que estamos en Twitter y Facebook para compartir y opinar 24/7, ¡así que los espero por allá!

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Dos almas, un corazón: reseña de “Todos los ríos del mundo”

¡Muy buenas tardes, queridos lectores de Si no le gusta no lea!

¿Cómo los trata la vida? Espero que muy bien. Les cuento que poco a poco voy despidiéndome de los 24 y preparándome para mi primer cuarto de siglo, pero bueeeeno, así es la vida, ¿no? el tiempo pasa, con independencia de que queramos aceptarlo o no.

Precisamente,  me emociona mucho poder regresar a los miércoles de libros (particularmente hoy que celebramos a nivel mundial el #BookLoversDay <3) con una historia que me tuvo atrapada por un buen tiempo, se trata de Todos los ríos del mundo, de la autora israelí Dorit Rabinyan y disponible en Colombia gracias a nuestros amigos de Ediciones B Colombia.

La novela está conformada por tres partes, cada una correspondiente a una estación, y nos presenta a dos personajes cuyos destinos se cruzan en las pobladas calles de Nueva York: por una parte, tenemos a Liat Benyamini, una mujer de Israel, lingüista y traductora, y por la otra, a Hilmi Nasser, originario del estado de Palestina, pintor. Ambos, están cerca de llegar a los 30. Ambos, han tenido que lidiar con las realidades de sus naciones. Ambos han llegado a Estados Unidos buscando un cambio. ¿Lo encontrarán?

Algunos se preguntarán por qué estoy siendo tan enfática en las nacionalidades de los protagonistas, pero lo cierto es que no es secreto para nadie que tanto Israel como Palestina llevan una larga historia de conflictos sociales, políticos y culturales, y esta novela termina siendo un reflejo de ello.

Siendo extranjeros en la Gran Manzana, ni Liat ni Hilmi esperan toparse con el amor, pero eso es lo hermoso de este sentimiento: cuando llega es para tomarlo todo, para darlo todo, y nuestros protagonistas se verán inmersos en una lucha contra los estigmas sociales que puedan llegar a tener el uno del otro, y no solo me refiero a las barreras idiomáticas entre el árabe y el hebreo, sino también lo que representan sus naciones de origen.

¿Acaso no son todos los israelíes unos soldados violentos? ¿Y los palestinos no son unos terroristas invasores? Resulta difícil creer en todo ello cuando la persona que tienes al frente tomando un café contigo luego de una noche apasionada es perteneciente al país que se supone que deberías odiar, y esa es una de las muchas complejidades que nos presenta Rabinyan en su novela, que gracias a capítulos cortos y distintas voces narrativas conformo avanza la trama, termina por presentarnos una historia marcada por el conflicto, pero que NO lo toma como hilo conductor principal, no. Esta historia es en realidad sobre el amor más allá de las fronteras y prejuicios, una clase de amor que deberíamos poner en práctica más a menudo y que posiblemente tendría al mundo en un mejor estado si lo sobrepusiéramos al odio.

Hilmi, tan soñador y optimista ha de caer rendido ante el pragmatismo y seriedad de Liat, para quien abrir su corazón a tantos kilómetros de distancia de su hogar será un desafío para sí misma, y entre los muchos tonos de azul con que pinta Hilmi y la fría nieve de Nueva York, terminará por entender que el hogar no siempre lo determina una nacionalidad, sino esa persona con la que llegas a ser tu mejor versión, y esa es una de las lecciones más hermosas que me deja este libro.

Como ya es usual en mis reseñas, me abstengo de contarles si nuestros apasionados protagonistas lograrán llevar a buen término su aventura romántica o no, pues como bien sabrán, mi intención no es contarles una historia, sino enamorarlos de ella, así que corran a su librería más cercana y adéntrense en este río de historias.

Un pequeño consejo antes de leer Todos los ríos del mundo es que se animen a consultar un poco sobre lo que ha sido la lucha del estado de Palestina por su reconocimiento como nación, así como del proyecto sionista de Israel por cumplir finalmente el planteamiento bíblico de la tierra prometida. Tal vez con ello logren entender un poco más las luchas internas de Liat o los silencios pausados de Hilmi, dos personajes que tienen una historia bellísima y real para contar.

¿Se animan a acompañarlos? Espero que sí,

Y bien, esto es todo por hoy en nuestro querido querido blog, pero les recuerdo que la aventura sigue en nuestro Facebook y Twitter así que no se desanimen que allí siempre estoy para ustedes, ¡esto es de todos!

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Mi regreso a la poesía: reseña de “Te amo, y no es metáfora” de Jarhat Pacheco

¡Muy buenas tardes, queridos lectores y lectoras de Si no le gusta no lea!

¿Cómo van en este inicio de semana? Espero que no muy sorprendidos de verme por aquí, de antemano me disculpo por todas las ausencias, pero si han estado pendientes de nuestro fanpage en Facebook sabrán que Comic Con Cuchurrumí se llevó todo mi tiempo y atención en estas últimas semanas, y no niego que tengo la nostalgia alborotada, es como despertar de un bellísimo sueño y no saber muy bien qué hacer ahora de regreso en la realidad, pero bueno, así es la vida, se justifica en momentos de total alegría y éxtasis, así que no hay mejor forma de retomar mis labores habituales que iniciando esta semana con una reseñita literaria para motivarlos a que lean y comiencen con pie derecho sus actividades para despedir este mes que termina.

El libro de hoy se llama Te amo, y no es metáfora, y llegó a mí en medio de un revuelo tremendo en mis redes sociales, cuando poco a poco el nombre de Jarhat Pacheco empezó a tomarse los listados de libros más vendidos en la categoría de poesía en Amazon, hazaña nada despreciable para el poco tiempo que llevaba su libro a la venta en dicha plataforma, y que además es el fruto de un trabajo constante y muy bien hecho, así que estoy emocionada de poder compartirles mi experiencia con él.

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Jarhat es de esas bloggers que no necesita de grandes acrobacias para enamorar a sus seguidores: sus palabras han sido más que suficientes para enamorar y merecer los preciados likes de los más de 98.000 seguidores de su fanpage en Facebook, en el que empezó publicando distintas frases y pensamientos que hoy toman forma y secuencia en su antología poética.

El libro, dividido en 5 grandes bloques, abarca emociones que todos hemos experimentado en algún momento de la vida, tales como el amor, el desamor, la depresión y la alegría, así como las ganas de contar al mundo el impacto que determinadas personas ejercen sobre nosotros, y esos sentimientos son los que tan bien logra presentar Jarhat valiéndose de versos sonoros, dulces y con un muy buen uso del lenguaje. En cada bloque la autora nos acompaña en un recorrido por sus pensamientos y su forma de ver el mundo, mostrándonos esa sensibilidad tan importante y necesaria a la hora de escribir poesía.

Este libro me impactó mucho porque marcó mi regreso a la poesía, género que no leía desde hacía años, y me alegra que fuera esta antología la que me devolviera a ese mundo lleno de musicalidad y pasión como lo es la lírica.

Escribir poesía es bien difícil, ya que no siempre se logra un equilibrio entre las palabras, la música que esperamos obtener de ellas y los límites que en ocasiones nos dan las palabras que usamos en cada verso (no por nada Octavio Paz llamaba a la poesía la “Erotización del lenguaje”), de ahí que escribir poesía sea un ejercicio de desgarrar el alma, y leer poesía sea un ejercicio de abrir el alma.

En definitiva, este es un libro que, como les dije en días anteriores en mi Facebook, vale la pena leerlo con calma, subrayando las frases que más nos hayan gustado y disfrutando de cada momento, de cada emoción.

No sé si leer poesía nos haga mejores o peores personas, pero sí creo que en las palabras hay un maravilloso poder para conquistar corazones y abrir puertas, ¡así que usémoslas!

Para los curiosos del tema, pueden comprar el libro de Jarhat aquí.

Espero esta mini reseñita sea una pausa bonita en sus actividades cotidianas, y que se animen a leer un poco de esta autora, que por cierto, ya prepara su primera novela, llamada Emanuela. Yo por mi parte planeo seguir muy de cerca sus obras, pues es muy bonito ver esta nueva “camada” de autoras colombianas que poco a poco van refrescando las temáticas y lecturas de nuestras estanterías, así que apoyemos la causa <3.

Si no le gusta, no lea, y si le gusta, ¡comparta!