La importancia de ser amables: un recorrido por el mundo de Wonder

¡Muy buenas tardes, queridos lectores de Si No Le Gusta No Lea!

¿Cómo los trata esta semana que ya va por la mitad? ¿Ya saben si pasaron todo en la U o no? Espero que estén mucho más tranquilos luego de tanto corre corre y más que listos para unas vacaciones con mucho cine y buenas lecturas.

Precisamente, en este miércoles de libros tengo una especie de “mix” entre libro y película para que hablemos un poquito de literatura de temas difíciles, en particular, del bullying, realidad que, nos guste o no, existe y debe ser confrontada y puesta en boca de todos.

El libro de hoy, hace parte de toda una “serie” editada por Penguin Random House, y he tenido la suerte de reflexionar y pensar muchísimo gracias a las distintas historias que la componen, se trata de Wonder/La lección de August, de la autora R. J. Palacio.

En sus libros, esta autora de padres colombianos nos presenta a August, Auggie Pullman, un niño que padece una extraña enfermedad degenerativa, y que tras veintisiete cirugías no puede decir que su rostro sea propiamente el de un niño “normal”. Habiendo estudiado en casa con su mamá por mucho tiempo, ha llegado la hora de ingresar a la escuela secundaria, y con ello, el enfrentarse a muchas personas que no están acostumbradas a ver a un niño con deformaciones como él. Para ponernos más en contexto, les comparto el tráiler de la adaptación cinematográfica, la cual se estrenó en nuestro país el pasado 23 de noviembre:

Como es natural en un niño de su edad, Auggie intenta enfrentarse al primer día de escuela con los nervios propios de quien llega a un lugar nuevo para empezar desde cero, y todo esto se complicará aun más cuando se tope con una triste verdad: su cara es distinta, y para algunos, lo distinto es sinónimo de miedo. De la mano de su familia, su profesor (el señor Browne) y de algunos amigos, nuestro protagonista descubrirá poco a poco que cada persona es un universo único, con sus propias estrellas y batallas, y que basta un poco de amabilidad para generar un impacto real y positivo en todos quienes nos rodean.

Conforme avanzan las aventuras escolares de Auggie, podremos conocer distintas historias que se van entrecruzando para contarnos el modo en que varios personajes ven y perciben a nuestro amiguito, como es el caso de sus papás Nate e Isabel, su hermana Via y los compañeros de colegio de Auggie (Charlotte, Jack, Summer y Julian). Con un estilo narrativo muy ameno y sencillo, ideal para ubicarnos en la mente de un niño de diez-once años, todas estas historias nos llevan por emociones como el miedo, el dolor, la tolerancia, el perdón y la amistad, pues una de las lecciones que nos dejan estas historias es que necesitamos ver más allá de lo físico para descubrir los verdaderos tesoros que tenemos para ofrecer y recibir, y que detrás de una historia se esconden muchas más buscando ser escuchadas, de allí que no podamos juzgar a la primera a sus protagonistas.

De hecho, las historias de los personajes que conocemos en La lección de August se expanden aún más en Charlotte tiene la palabra, La historia de Julian, El juego de Christopher y El libro de preceptos del Señor Browne, lecturas que en verdad valen la pena, pues nos ayudarán a entender muchas de las situaciones que tanta rabia o impotencia nos causaron en La lección, y aunque no pienso entrar en detalles para no hacerles spoiler, sí puedo decirles que R. J. Palacio ha logrado crear un pequeño “universo” literario en el que cada personaje tiene algo valioso que aportarnos y es una colección muuuy bonita. Yo por lo menos, pienso leerla con mi sobrino en unos añitos. A manera de ejemplo, les comparto una de mis preceptos favoritos del Señor Browne:

“Albergamos en nuestro interior las maravillas que buscamos a nuestro alrededor.”

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En definitiva, pienso que estas novelas pueden propiciar un diálogo abierto y real sobre el bullying, pues como Auggie, posiblemente todos en algún momento de la vida nos hemos sentido fuera de lugar, temerosos de no encajar o de cumplir determinados estándares de belleza o pensamiento, y si hay algo que el libro nos muestra, es que no siempre estamos tan solos como nuestros miedos quisieran hacernos creer. Por el contrario, cuando dejamos de lado las dudas y nos damos la oportunidad de hablar y escuchar las historias de los demás, podemos ver que todos estamos recorriendo un mismo camino, y que algo de ayuda nunca está de más.

Si ya leyeron los libros y les preocupa que la película no le haga justicia, puedo decirles sin problema que es una adaptación hermosa, bastante fiel a la historia original. y de hecho, en este punto prefiero darle la palabra a la autora del libro y el director de la película (Stephen Chbosky, a quien le debemos otra JOYA llamada Las ventajas de ser invisible):

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“Si te dan a elegir entre leer el libro y ver la película, ¡ELIGE AMBAS! Gracias por venir <3”

En verdad espero que se animen a leer la novela, a ver la película, y por supuesto, a hablar sin miedo sobre aquello que nos asusta, pero que a la vez nos hace únicos y especiales, en fin, a estar orgullosos de todo eso que nos hace ser Extraordinarios.

Me despido por hoy contándoles que vamos a tener unos concursos FABULOSOS en los que podrán ganar los libros de Wonder y kits oficiales de la película, ¡así que no se despeguen de nuestro fanpage en Facebook !

Espero que sea un día maravilloso para todos ustedes, que nadie los trate mal en casa, el trabajo o el estudio, que ustedes tampoco traten mal a nadie y que poco a poco este mundo de locos empiece a ser alguito más amable.

Si no le gusta, no lea, y si le gusta, ¡comparta!

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Seis años valieron la pena: reseña de “Mil veces hasta siempre” de John Green

¡Muuuuuy  buenas tardes, queridos lectores y lectoras de Si No Le Gusta No Lea!

¿Cómo los recibe esta tardecita de ombligo de semana? No puedo creer que nos estemos acercando más y más a la mitad del penúltimo mes del año, tal vez sí sea cierto que el tiempo está marchando más rápido que de costumbre, o simplemente una parte de nosotros se niega a aceptar que, querámoslo o no, el 2017 va poco a poco llegando a su final, y lo que se hizo, se hizo.

Pero bueno, por fortuna para todos, el mes de noviembre nos trae muchas cosas fabulosas en la agenda, incluyendo el libro del que quiero hablarles hoy, y que, mano en el corazón, llevaba mucho tiempo esperando, se trata de “Mil veces hasta siempre” (en inglés, “Turtles all the way down“), del estadounidense John Green, y perteneciente al sello Nube de tinta que edita Penguin Random House. 

Un primer aspecto a aclarar antes de empezar es el título de la novela, pues aunque todos esperábamos encontrar en su traducción la palabra “tortuga”, lo cierto es que la expresión a la que hace referencia el título original no era tan sencilla de traducir, así que sí, parte del asunto está en tener una metáfora que pierde lógica si se traduce literalmente, así que seamos algo flexibles al respecto, por favor.

El libro llegó a mis manos tras algunas semanas evitando a toda costa cualquier posible spoiler de la trama, sobre todo teniendo en cuenta que con el dólar tan alto había evitado comprarlo en mi Kindle, así que con toda la expectativa del caso me di a la labor de desconectarme de todo y de todos para poder disfrutar esta historia que tanto tiempo llevaba esperando.

En mi lectura pude conocer a Aza, una joven para quien el mundo es una masa enorme de bacterias y peligros. Para ella, cosas en apariencia sencillas de hacer como dar la mano, besar o acostarse al lado de alguien son todo un desafío, pues su mente marcha a mil por hora y la lleva a pensar en todas las posibilidades del contacto humano: ¿y si esa persona que le da la mano no se la ha lavado en varias horas y le pasa sus gérmenes?, ¿y si en la lengua se alojan suficientes bacterias para matarla? Lo que para muchos es un drama excesivo, para Aza es su día a día. ¿Por qué? Pues porque, señoras y señores, nuestra protagonista tiene ansiedad. A-N-S-I-E-D-A-D. Cuanto antes se acostumbren al término, mejor.

La rutina de Aza transcurre entre sus distintas manías y sus constantes esfuerzos por mantener una apariencia de “normalidad”: la fórmula incluye ir al colegio todos los días, manejar a su coche Harold, fingir que se toma sus medicamentos y escuchar a su mejor amiga de toda la vida, Daisy, una loquilla creativa y extrovertida amante de los fanfics de Star Wars. La ya caótica vida de Aza dará un giro cuando un misterio involucre a su compañero de la infancia, Davis, y guiada por la histeria de Daisy, nuestra protagonista emprenderá una búsqueda de pistas que bien podrán llevarla a descubrir el acertijo, o ¿por qué no? plantearse nuevos interrogantes sobre su pasado y el de Davis.

Como ya es habitual en la narrativa de John Green, nos encontramos con un relato lleno de humor adolescente, situaciones del diario vivir juvenil y muchas frases que llegan al alma, de esas que vale la pena atesorar y marcar con post-its para luego releer.

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El talento de John radica en presentarnos personajes complejos, con muchos defectos y altibajos tanto físicos como emocionales, y precisamente esa es la clave, no se idealiza en modo alguno la etapa de la adolescencia, y mucho menos se subestima a sus lectores, simplemente hay realidades y cosas que pasan y así- es- la vida.  Por unos instantes, logramos olvidarnos de nuestras propias tragedias para acompañar a sus protagonistas en distintos viajes de introspección, y ese vínculo que se genera entre el lector y los personajes es lo que permite que todavía recordemos con cariño a personajes de otras de las novelas de Green como lo son Alaska, Quentin, Margo, Hazel y por supuesto Augustus.

Como alguien que ha lidiado con un problema de ansiedad durante varios años, debo decir que me identifiqué con Aza desde el inicio, entendí realmente sus luchas, sus miedos, y el modo tan genial en que John nos presenta a esa “vocecita” que algunos días hace que hasta levantarse de la cama sea una labor titánica, y es que si hay algo que nos muestra “Mil veces hasta siempre“, es que debemos romper con el estigma de las enfermedades mentales y abrir el diálogo para aceptar y apoyar estas realidades, pues en ocasiones resulta muy sencillo juzgar a alguien sin saber los demonios con los que está batallando esa persona, ¡ de seguro hay muchas Aza allí afuera!

Como es habitual en mis reseñas, no pienso decirles cómo termina el libro, sería poco ético de mi parte, pero sí puedo decirles que en esta nueva novela hay giros sutiles que la diferencian de otras novelas de temática difícil como lo son “Buscando a Alaska” y “Bajo la misma estrella“, así que si pensaban que ya lo habían leído todo sobre este autor, tal vez sea un buen momento para reconsiderarlo.

La invitación es a que le den una oportunidad a esta novelita que 1) se lee meeeega rápido, 2) puede propiciar un diálogo cercano y realista sobre las enfermedades mentales, sin caer en ladrillazos técnicos o en victimizaciones innecesarias. Además, el club de fans oficial de John Green en Colombia tiene para todos sus lectores las Semanas de John Green, del 8 al 24 de noviembre, con muchas actividades y sorpresas para los Nerdfighters (fact: así se llaman los fans de John y Hank Green).

Me despido por hoy recordándoles que siempre estoy leyéndolos en Facebook y Twitter, la idea es que juntos sigamos construyendo ideas, sueños y aventuras en torno a la literatura y al cine, ¿me acompañan? 🙂

Espero les haga un bonito clima finalizando el día, que no se me laven con estas lluvias de locos y que reciban muy pronto esa sorpresa que tanto tiempo llevan esperando.

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Entre editoras nos entendemos: reseña de “El peso específico del amor”

¡Muy buenos días, queridos lectores y cuchurrumís de Si no le gusta no lea!

Un mes que despedimos y uno que recibimos con la angustia de saber que el año se nos empieza a acabar y con la esperanza de saber que todavía podemos cumplir algunas metas y concretar uno que otro sueño pendiente por ahí.

Hablando de sueños pendientes, estoy muuuuy feliz de poder compartir un nuevo miércoles de libros con todos ustedes, de hecho, acabo de darme cuenta de que llevamos unas cuantas semanitas juiciosos con reseñitas de libros todos los miércoles, ¡yippy yay yay!

El libro de hoy llegó a mí gracias a nuestros amigos de Ediciones Urano, que distribuyen en Colombia el sello Umbriel al que pertenece la novela de hoy, llamada “El peso específico del amor” así que sin más introducciones, comencemos:

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Si un día de estos les preguntara en qué consiste el oficio de nosotros los editores, ¿qué me responderían?, ¿que leemos por montones?, ¿que trabajamos con autores? Las respuestas son muchísimas, y para Francesca, nuestra protagonista de hoy, su trabajo como editora es el centro de su vida. Entrada en sus 30’s, los días de Fra transcurren entre manuscritos, autores egocéntricos, reuniones poco provechosas, un director editorial histérico y una rutina que, si bien la mantiene ocupada 25/8, no está del todo mal, si hasta tiene una relación estable con su compañero de apartamento, Edoardo.

En apariencia, la vida de Fra es muy normal, pero cuando llega la noche, todo cambia: su cocina se llena de aromas, ingredientes y sabores, y es que nuestra protagonista casi nunca pega el ojo. Detrás de su vida rutinaria y predecible, Fra está lidiando con un problema familiar bastante complicado, y la monotonía en que ha caído su relación con Edoardo la ha llevado a pasar las noches enteras horneando todo tipo de recetas con tal de evitar estar sola con sus pensamientos.

Como si todo esto fuera poco, un encargo de su jefe pondrá a Fra entre la espada y la pared, porque ¿qué puede pasar cuando te asignan editar la próxima gran novela de la literatura italiana, cuyo autor es un divo de primera categoría? Leonardo Calamandrei, rompecorazones y dueño de los afectos de todas las librerías y editores italianos, es la bestia que Fra tendrá que domar en una carrera contra el reloj para publicar su próxima novela, la cual bien puede salvar o condenar a la editorial en que trabaja, y de paso, su carrera.

Leonardo, acostumbrado a que nadie le diga que no y a escribir cuando le dé la gana, sin seguir consejo o pauta alguna, será la cereza que necesite el pastel de Fra para quemarse, y nuestra protagonista terminará enfrentando un sinfín de situaciones que la llevarán a preguntarse por sus planes de vida, sus sentimientos para con Edoardo, y ¿por qué no? por los límites del amor a la hora de entregarse en una relación, pues si hay algo que nos enseña este libro, es que no porque eres editor de novelas románticas significa que tu vida sea una. 

¿Podrán Fra y Leonardo publicar su novela? ¿Cuántas recetas aprenderemos en el proceso? Estas son tan solo algunas de las preguntas que resolverán si se animan a leer esta novela de la autora italiana Federica Bosco, que con un estilo muy personal y cercano termina por presentarnos con algo de humor las carreras de la vida editorial, combinadas con las distintas vidas de sus trabajadores.

Tal vez, el hecho de ser editora fue lo que me permitió conectar de inmediato con la novela, pues ponerse en los zapatos de Fra resultó sencillísimo para mí, en ocasiones me sentía en sus reuniones editoriales o en sus carreras por terminar un proyecto a tiempo, ¡son cosas que pasan todo el tiempo!

Ahora, al entrar en su cabeza nos topamos con un personaje tremendamente herido, con muchas cosas de su pasado que deben ser sanadas, y una necesidad profunda de encontrar el amor verdadero, pero no el de los cuentos de hadas, sino ese que te acepta rota y despeinada, con tus manías y defectos, que toma el control de las situaciones cuando sientes que el mundo se te viene encima y que ya no puedes sola con todo, y eso fue algo que me gustó muchísimo de esta novela,  pues me recordó que, en ocasiones, la simpleza de la vida cotidiana es un material igual de válido y provechoso para crear una historia llena de altibajos emocionales y uno que otro giro inesperado. Eso sí, respiren profundo y llénense de paciencia a la hora de leer los capítulos finales, ¡ya verán por qué!

Sin entrar en más detalles, pues vale la pena que lo lean, quiero cerrar invitándolos a que, como Francesca, reflexionen por un momento en todas esas cosas que hacen de su vida algo especial y único, en esas personas que les recuerdan que los malos momentos de alguna manera tienen que pasar, y que nada puede ser tan malo si tienes algo de chocolate y vainilla a la mano, ¡así que no se olviden de ellas!

Les recuerdo que siempre estamos en Facebook y Twitter para leernos y comentar esas lecturas que nos endulzan o salan la vida, ¡así que los espero por allá!

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Lucha. Ama. Sobrevive: cinco claves express para entender las Sagas “Rebelión” y “TGM”

¡Muy buenas tardes, queridos lectores y cuchurrumís de Si No Le Gusta No Lea!

¿Cómo están en este miércoles algo frío pero con pequeños atisbos de solecito? ¿Preparados para morir viendo Stranger Things el viernes? Espero que sí 😀

Hoy, vengo con un miércoles de libros algo flash pero no por ello menos divertido, así que prepárense para viajar unos añitos en el futuro y adentrarse en las sagas Rebelión y TGM (Tercera Guerra Mundial), escritas por la talentosísima Anna K. Franco y editadas por Ediciones B con el sello Blok (que, recordemos, ahora hace parte de la familia Penguin Random House).

1) Un sistema político digno de las buenas distopías

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Ya sea que empiecen sus lecturas por Bios, 2023 o por Rebelión, Alienación y Abdicación,  el común denominador en todas estas novelas es el caos reinante en una sociedad para la que la Tercera Guerra Mundial es/ha sido inevitable. Ya sea antes o después de dicho conflicto, lo realmente importante es que los gobiernos continúan tan ciegos y hambrientos de poder como en la actualidad. Contrario a lo que cabría esperarse, el futuro no es tan esperanzador como podría pensarse, así que prepárense para experimentar el caos y la violencia de una sociedad que sacará lo mejor y lo peor de sí con tal de sobrevivir. Sean bienvenidos al Nuevo Mundo…

2) Personajes para todos los gustos

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Nahier, Lenah, Annie, Alexander, Mike y Kate, son tan solo algunos de los nombres de los valientes y encantadores personajes que encontrarán conforme avancen en sus lecturas.  No planeo hacerles spoiler y decirles en qué libro(s) aparece cada uno, solo sepan que no estarán solos en sus lecturas, por el contrario, se encontrarán con personas tan humanas, sensibles y frágiles como ustedes o como yo. La chispa está en el modo en que dichas debilidades serán usadas a favor o en contra cuando el mundo parezca venirse abajo, y es su misión como lectores abrirles las puertas del corazón a todos ellos y acompañarlos en sus errores y aciertos, en sus miedos y esperanzas.

3) Acostumbrémonos a ver doble

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Los mundos de las sagas Rebelión y TGM están marcados por algunos de los tópicos más conocidos de la ciencia ficción, que recordemos, se pregunta por el futuro y el alcance de los avances científicos y tecnológicos. Por supuesto, estos avances no necesariamente han de traducirse en progreso y avance para todos, de allí que hablemos de distopías, es decir, de sociedades imperfectas pese a su gran despliegue tecnológico y aparente orden social. Temas como la clonación humana, el control mediante agentes químicos y el uso de seres humanos como juguetes militares son algunos de los tópicos que encontrarán en sus páginas.

4) Ohhhh el amor

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No porque el mundo se esté acabando significa que no tengamos tiempo para buscar a esa persona que nos haga ser mejores cada día y luchar contra nuestros demonios. En este caso, el amor será un tema transversal en todas las novelas, una gran base para que todas las acciones y decisiones que se tomen. Una de las grandes lecciones que me dejaron estos libros fue precisamente esa, que gracias al amor se vencen los miedos, se sanan las heridas y se sale adelante, un día a la vez.

A pesar de tener momentos románticos y muchas frases que llegan justo al corazón, más allá de caer en clichés o convencionalismos, las relaciones amorosas que conoceremos en estas sagas son mucho más complejas, pues tanto héroes como heroínas tendrán que aprender a poner en una balanza sus sentimientos y los sacrificios que la guerra les demanda, ¡nada es tan sencillo como parece!

5) Talento de Argentina para el mundo

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Por último, pero no menos importante, quisiera preguntarles, ¿cuál fue el último autor o autora latinoamericano que leyeron? Es muy significativo para mí el hecho de que tengamos a autoras como a Anna K. Franco o Romina Russell apuntándole a este tipo de narrativas tan bien estructuradas y complejas, alejándose del estigma de que América Latina no produce literatura juvenil de calidad, ¡todo lo contrario! sagas como RebeliónTGM y Zodíaco no tienen nada que envidiarle a otras distopías nortamericanas como Los Juegos del Hambre y Amanecer Rojo, así que démosle una oportunidad a nuestro querido continente, yo lo hice y salí gratamente sorprendida.

Espero se animen a conocer estas sagas, a leerlas y comentarlas siempre que deseen en nuestro Facebook y Twitter, ¡aquí estamos siempre para ustedes!

Ojalá estén teniendo una semana muy bonita y productiva, ¡ya pasamos la mitad, sí se puede, sí se puede!

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Entendiendo la angustia de la página en blanco: 5 consejos contra el bloqueo del escritor

¡Muy buenos días, queridos lectores de Si no le gusta no lea!

Me disculpo por haber estado tan perdida del blog últimamente, espero que el post de hoy pueda explicar un poco la situación y, tal vez, ayudar un poco a quienes en algún momento se hayan sentido en esta misma etapa con sus escritos, así que aquí vamos.

¿Les ha pasado alguna vez que han deseado sentarse a escribir, ya sea ficción o no ficción, y simplemente no se hallan? Si la respuesta es sí, posiblemente estén lidiando con uno o varios episodios de Bloqueo del escritor.

Contrario a la creencia popular sobre esto siendo un simple “berrinche creativo”, el término es tan válido como cualquier otro proceso neurológico o psicológico, y fue acuñado por primera vez en el año de 1947 por el psicoanalista Edmund Bergler.

El bloqueo del escritor puede deberse a distintas razones, tanto físicas (una mala postura, fatiga ocular), como emocionales (un duelo reciente, estrés, depresión), y ligado a ese bloqueo puede darse una situación particular, llamada el “Síndrome de la página en blanco”, aquel en el que ver una hoja (o archivo Word) en blanco se generan altos niveles de ansiedad, angustia e incluso terror.

¿Qué nos puede llevar a temerle tanto a un simple pedazo de papel o a un procesador de texto en blanco? ¿Es acaso la presión editorial que nos dice que debemos terminar nuestros escritos para tal o cual fecha, o incluso nosotros mismos que tememos empezar a escribir y no ser lo suficientemente buenos? No pretendo que me respondan, creo que somos tan diversos como la literatura misma, y ciertamente no podemos encasillar nuestros hábitos de escritura, pero si sienten que algo de esto que escribo les aplica, pues genial, ¡aquí los escucho!

En mi caso particular, han sido infinitas las ocasiones en que he abierto WordPress, dispuesta a escribir un nuevo post literario o de cine, y en cuanto tecleo el posible título, ¡BAM! se van las palabras como si de la nada se oprimiera en mi cerebro una tecla misteriosa que pareciera querer bloquear que las palabras fluyan y las ideas formen un texto, ¡joder!

Investigar sobre el tema me ha hecho sentir un poco más tranquila, hasta el punto de poder estar aquí hoy, tratando de retomar un poco las cosas y con la esperanza de “reconectar”. A continuación les comparto unos truquitos que he ido poniendo en práctica y que me han ayudado bastante, sobre todo ahora que he vuelto a escribir cosillas académicas para la U, así que bueno, empecemos.

  1. No te obligues a escribir: así muchos afirmen que escribir es una labor de disciplina y rigor, también es cierto que no hay un tiempo estricto para desarrollar una idea. Si tienes que dejar descansar un texto y retomarlo después de un descanso, así sea de un día para otro, posiblemente lo abordarás mejor. Ahora, caso contrario ocurre si te dormiste sobre los laureles y tienes encima todas tus fechas de entrega, ahí sí, ¡escribe, escribe, escribeeeeee!
  2. No cuentes palabras o caracteres: en ocasiones sentimos que nunca llegaremos a esa meta de 3 a 5 páginas que piden los profesores, o ese capítulo de tu novela que prometiste escribir cada semana; las ideas tomarán lo que tengan que tomar, y si las reduces a una cifra, posiblemente estarás coartando tu propio potencial creativo. Últimamente he evitado a toda costa mi contador de WordPress, porque no quiero pensar en si el post será más largo o más corto que otros posts que he hecho: diré lo que tenga que decir y ya está.
  3. No pienses que eres un fracaso porque tu producción se detiene: muchos escritores como Orwell, Fitzgerald o Pullman han reflexionado al respecto, y la angustia que supone un bloqueo ya sea al iniciar o continuar un texto es en realidad un llamado a respirar, tomar una pequeña pausa e indagar un poco en aquello que puede estarnos bloqueando al escribir. Si es una emoción conflictiva, validémosla, hablemos de ella, o mejor aún, escribamos cualquier otra cosa que nos ayude a descargar la mente, así sea palabras o ideas sueltas. A veces, nos callamos tantas cosas que terminamos callando lo bueno también, y creámoslo o no, ese problema que tuvimos en la oficina o esa noticia inesperada que recibimos llegando a casa por la noche pueden desviarnos del diálogo que llevábamos con nuestros personajes e historias. No hay nada malo en tener un día difícil que luego termina convirtiéndose en una escena triste de un escrito,  incluso, puedes volcar esas emociones en tu historia, haciendo catarsis hasta el punto de decir “hey, mi día fue una mierda, démosle a este personaje una aventura menos miserable que me aparte de todo esto”. A veces, viajar con ellos puede alejarnos un poco de nuestros propios demonios.
  4. Intenta cambiar de formato: este experimento lo realicé varias veces en la Universidad, cuando me pedían que escribiera poesía (género que siempre me ha dado durísimo), y pasaba horas y horas sentadas frente al computador. Un buen día, mi compañera Susana me dijo “siente el papel”, así que apagué el computador y empecé a garabatear en uno de mis cuadernos. Las palabras salieron disparadas de mi esfero, y desde entonces casi siempre boceto ideas en esfero y papel si el computador no me ayuda. Sé que en MUCHOS posts han hablado de lo genial que es llevar siempre contigo una libretica de ideas y lápiz o esfero. Coincido con ellos, no dejemos que las ideas se nos vayan solo porque no tenemos un computador o tablet a mano.
  5. El ambiente cuenta: ¿tienes frío? ¿hambre? todos estos impulsos biológicos pueden distraernos más de lo que creeríamos posible, basta con hallar un lugar cómodo, con música agradable, un buen chocolatito que nos motive y respirar profundo para que poco a poco nos sintamos listos y preparados para escribir.

Espero que estos truquitos les sirvan a la hora de enfrentar ese terror que puede darnos el empezar o retomar un escrito. Ante todo, recordemos que, si escribimos, es para nosotros, no en pro de aplausos colectivos o alabanzas. Si estas vienen, magnífico, y si no, también: lo realmente importante es que nosotros estemos bien con nuestras ideas.

No están solos, sepan que somos muchos en este caminar de plasmar ideas y sueños en palabras, y solo un poquito de esperanza puede hacer la diferencia.

Ojalá se hayan entretenido siquiera una pizca en esta mañana de obligo de semana, cualquier cosa, sepan que estamos en Twitter y Facebook para compartir y opinar 24/7, ¡así que los espero por allá!

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Dos almas, un corazón: reseña de “Todos los ríos del mundo”

¡Muy buenas tardes, queridos lectores de Si no le gusta no lea!

¿Cómo los trata la vida? Espero que muy bien. Les cuento que poco a poco voy despidiéndome de los 24 y preparándome para mi primer cuarto de siglo, pero bueeeeno, así es la vida, ¿no? el tiempo pasa, con independencia de que queramos aceptarlo o no.

Precisamente,  me emociona mucho poder regresar a los miércoles de libros (particularmente hoy que celebramos a nivel mundial el #BookLoversDay <3) con una historia que me tuvo atrapada por un buen tiempo, se trata de Todos los ríos del mundo, de la autora israelí Dorit Rabinyan y disponible en Colombia gracias a nuestros amigos de Ediciones B Colombia.

La novela está conformada por tres partes, cada una correspondiente a una estación, y nos presenta a dos personajes cuyos destinos se cruzan en las pobladas calles de Nueva York: por una parte, tenemos a Liat Benyamini, una mujer de Israel, lingüista y traductora, y por la otra, a Hilmi Nasser, originario del estado de Palestina, pintor. Ambos, están cerca de llegar a los 30. Ambos, han tenido que lidiar con las realidades de sus naciones. Ambos han llegado a Estados Unidos buscando un cambio. ¿Lo encontrarán?

Algunos se preguntarán por qué estoy siendo tan enfática en las nacionalidades de los protagonistas, pero lo cierto es que no es secreto para nadie que tanto Israel como Palestina llevan una larga historia de conflictos sociales, políticos y culturales, y esta novela termina siendo un reflejo de ello.

Siendo extranjeros en la Gran Manzana, ni Liat ni Hilmi esperan toparse con el amor, pero eso es lo hermoso de este sentimiento: cuando llega es para tomarlo todo, para darlo todo, y nuestros protagonistas se verán inmersos en una lucha contra los estigmas sociales que puedan llegar a tener el uno del otro, y no solo me refiero a las barreras idiomáticas entre el árabe y el hebreo, sino también lo que representan sus naciones de origen.

¿Acaso no son todos los israelíes unos soldados violentos? ¿Y los palestinos no son unos terroristas invasores? Resulta difícil creer en todo ello cuando la persona que tienes al frente tomando un café contigo luego de una noche apasionada es perteneciente al país que se supone que deberías odiar, y esa es una de las muchas complejidades que nos presenta Rabinyan en su novela, que gracias a capítulos cortos y distintas voces narrativas conformo avanza la trama, termina por presentarnos una historia marcada por el conflicto, pero que NO lo toma como hilo conductor principal, no. Esta historia es en realidad sobre el amor más allá de las fronteras y prejuicios, una clase de amor que deberíamos poner en práctica más a menudo y que posiblemente tendría al mundo en un mejor estado si lo sobrepusiéramos al odio.

Hilmi, tan soñador y optimista ha de caer rendido ante el pragmatismo y seriedad de Liat, para quien abrir su corazón a tantos kilómetros de distancia de su hogar será un desafío para sí misma, y entre los muchos tonos de azul con que pinta Hilmi y la fría nieve de Nueva York, terminará por entender que el hogar no siempre lo determina una nacionalidad, sino esa persona con la que llegas a ser tu mejor versión, y esa es una de las lecciones más hermosas que me deja este libro.

Como ya es usual en mis reseñas, me abstengo de contarles si nuestros apasionados protagonistas lograrán llevar a buen término su aventura romántica o no, pues como bien sabrán, mi intención no es contarles una historia, sino enamorarlos de ella, así que corran a su librería más cercana y adéntrense en este río de historias.

Un pequeño consejo antes de leer Todos los ríos del mundo es que se animen a consultar un poco sobre lo que ha sido la lucha del estado de Palestina por su reconocimiento como nación, así como del proyecto sionista de Israel por cumplir finalmente el planteamiento bíblico de la tierra prometida. Tal vez con ello logren entender un poco más las luchas internas de Liat o los silencios pausados de Hilmi, dos personajes que tienen una historia bellísima y real para contar.

¿Se animan a acompañarlos? Espero que sí,

Y bien, esto es todo por hoy en nuestro querido querido blog, pero les recuerdo que la aventura sigue en nuestro Facebook y Twitter así que no se desanimen que allí siempre estoy para ustedes, ¡esto es de todos!

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#LaVueltaAlMundoConBooktube: Carta de un adulto a Lewis Carroll, Roald Dahl y Dr. Seuss

Como todos los lunes, una taza de café caliente recibe al empleado en su oficina. Un día más de rutina, sin huevos verdes con jamón o un poco de té para amenizar la velada, solo el conocimiento de que cada día que pasa pareciera alejarlo más y más de las aventuras que soñaba vivir y que había leído de niño. Tras limpiar sus lentes y encender la computadora, el empleado decidió abrir el correo y empezar a escribir frenéticamente mientras ignoraba las amenazas de memorando de su jefe o las preguntas de su asistente sobre si deseaba saber los indicadores económicos para esa mañana. Su carta tal vez no solucionara nada, pero al menos lo mantendría ocupado mientras llegaba la hora del almuerzo. Tras un último sorbo de café, el empleado se aclaró la garganta y empezó a escribir:

Señores Lewis Carroll, Roald Dahl y Dr. Seuss

Escribo con el peso de mis años y de una hipoteca que todavía no sé cómo pagar. Escribo, porque básicamente ustedes me han hecho quien soy hoy, y he llegado a la conclusión de que tal vez eso no sea algo de lo que deba sentirme orgulloso. Empecemos por usted , Señor Carroll, y sus juegos del lenguaje que tanto me impactaron. Todos fuimos Alicia, y juntos caímos por el agujero del conejo blanco. Gracias a usted, he aceptado que no soy el mismo que era antes, y que cada paso que doy puede ser una jugada para derrotar a la Vida, digo, a la Reina Roja. Fotógrafo de vocación, usted me obligó a ver la vida con los lentes de alguien para quien los niños eran todavía un sinónimo de esperanza, de travesura y curiosidad, y me aterra pensar que pudiera hallarme rodeado de ellos algún día, de hecho, preferiría un Gato Sonriente que me recuerde que llorar no siempre soluciona las cosas, o una Oruga que a mis cuarenta y tantos siguiera preguntándome por quién demonios soy, ¡que me corten la cabeza si osara olvidar al bendito Gato y a la Oruga! pero a quién engaño, cualquiera diría que intentar explicar la locura del mundo llevándonos al País de las Maravillas es un sinsentido, pero a veces me sorprendo deseando ir a él. Se me hace tarde, y así como la Liebre y el Sombrerero están atorados para siempre en su fiesta del té, tal vez yo esté atorado para siempre en este escritorio. Sonría para la cámara, señor Dodgson. 

Es su turno, señor Doahl. El otro día me estrellé contra algo invisible, y mi niño interior brincó de alegría al pensar que tal vez me había encontrado el ascensor de cristal de Willy Wonka, y que por fin podría visitar su hotel en el espacio, pero en realidad se trataba de una puerta de Transmilenio, y yo estaba demasiado dormido para percibirlo, ¡maldición! No hay chocolate lo suficientemente dulce para explicar el modo en que sus osadas palabras denunciaron los excesos y caprichos de los niños de su época, ¿o quién no se sintió culpable de encender el televisor sin sentirse Mike Teavee o pedirle algo a sus padres y tener un momento Veruca Salt? Algunos deseamos ser Charlie para tener la fábrica de chocolates más espectacular del mundo. Yo por mi parte desearía volver a las épocas en que un caramelo podía solucionar cualquier cosa (excepto, tal vez, las malditas hipotecas). Al igual que el Señor Wonka, no tengo idea de lo que la gente dice la mayor parte del tiempo, pero creo que es mejor así. Tal vez la respuesta a mis problemas esté en cambiar los chocolates por el durazno gigante de Jim, o el Pepinasco del BAG. Mis triglicéridos lo agradecerían.

Para finalizar, llego con usted, Dr. Seuss. ¿Por qué escribir de criaturitas amigables en un mundo en el que casi nadie lo es? Intenté preguntarle a mi gato y solo me arañó la cara mientras luchaba por quitarse el sombrero rojo que le había puesto gracias a usted. En un mundo de grises (y no lo digo solamente por mi corbata), usted me enseñó que había espacio para los desayunos poco convencionales, y me habló de muchos lugares a los que podría ir, pero sepa que NO he ido a ellos… No despierto al menos. Quise ser como el Lorax, y terminé imprimiendo hojas por una sola cara. Quise tener a mis Cosas #1 y #2 y solo obtuve a un gato y un hámster con complejo de canario…. 

El empleado tuvo que cambiar el café por el agua y tomarse un break de su carta. Las manos le temblaban y su corazón parecía acelarado. ¿Por qué no lograba tranquilizarse? Su carta llegaría a oídos de tan nobles señores y quizá sirviera para darle por fin un poco de orden a su patética vida. ¿De eso se trataba, verdad? De orden, no de caos; de madurar, no de tener nostalgia. En verdad odiaba a estos señores, y era hora de ponerle un fin a tan nociva relación. Sí señor, eso haría. De regreso en su escritorio, y luego de una parada técnica, el empleado respiró profundo y estiró los nudillos antes de volver a acariciar las teclas.

Señores Carroll, Dahl y Seuss: tras pensarlo seriamente, llegué a una nueva conclusión, una que merece llegar hasta ustedes por todos los medios posibles. Quise odiarlos por prometerme una vida fabulosa, pero terminé amándolos por darme una infancia que me llevara a ella. 

Dejando caer su máscara de rudeza por unos cuantos segundos más, el empleado se fingió ocupado y profesional, mientras enviaba la carta y silbaba para sus adentros.

Ese día, mientras entraba al cuarto comité de la tarde, nadie se dio cuenta de las medias de colores que asomaban bajo el gris de su traje, o de la colección de libros infantiles que cargaba en su portafolio muy a pesar de sí mismo: Alicia en el País de las Maravillas, Charlie y la Fábrica de Chocolate y Huevos verdes con jamón.

Fin.